Podemos y El País

Un repaso al tratamiento de Podemos en “el periódico global”, antes conocido como “diario independiente de la mañana”, aporta mucha luz sobre los intereses ocultos de algunos medios de comunicación.Pablo-Iglesias-Podemos

 En ocasiones el ruido mediático es tan confuso que uno no sabe cómo analizar la realidad. Cuando esto ocurre yo tengo una brújula ética infalible: la iglesia. ¿Algaradas estudiantiles en Venezuela? ¿Qué pasará ahí? Miro a ver qué opina la iglesia y ya sé dónde posicionarme. Pero a veces la iglesia anda ocupada con sus asuntos y no dice nada. Cuando eso ocurre yo busco con la mirada otro faro aún más luminoso: El País. Al fin y al cabo la palabra de los obispos se la lleva el viento pero los titulares de El País… ¡Ah! ¡Eso es otra cosa! Uno tiene la sensación de estar leyendo lo que será historia del periodismo.

No me cabe ninguna duda, por poner un ejemplo, de que el tratamiento informativo de El País con Sudamérica, singularmente en lo que se refiere a Venezuela, Bolivia, Uruguay o Argentina, será estudiado por los alumnos del futuro como un ejemplo insuperable de cómo los medios de comunicación pueden ser serviles correas de transmisión de los intereses de las multinacionales que los sufragan.

Y tampoco me cabe duda de que, en ese temario de comportamientos abyectos, la relación de El País con Podemos tendrá un lugar de honor. Así que, para poner mi granito de arena en la investigación de esta historia de la insidia y ayudar a los estudiosos del porvenir, he repasado todos los artículos que el periódico monárquico le ha dedicado a esta formación política.

El País comienza a informar sobre Podemos un 16-02-14. El artículo: “Partidos por dos duros” enumeraba algunas de las fuerzas políticas emergentes (Escaños en Blanco, Partido X, VOX o Podemos) utilizando un tono relativamente neutro. En los dos meses siguientes apenas hay cuatro noticias hablando siempre en conjunto de varios o todos los citados. Para El País no se trata de algo digno de mucha atención. Hasta que llegan las elecciones y Podemos se convierte en la gran sorpresa. Otros medios que habían informado acerca del éxito de sus mítines y del crecimiento exponencial de la formación en las sedes sociales quizá no se sintieron tan sorprendidos. Pero El País, sí.

En los primeros días resulta un fenómeno simpático. Un coletudo desgarbado que vive su minuto de gloria. Esas cosas pintorescas que tanto gustan a la prensa. Se suceden las entrevistas, los estudios demoscópicos y los análisis. Se informa sobre la constitución de los círculos y las avalanchas de personas para apuntarse en la nueva formación.

A mediados de junio el tono empieza a cambiar. La veda se abrió con el titular “Las bases de Podemos se enfrentan a sus fundadores” que describía el resultado de una asamblea apocalíptica, con acusaciones de golpe de estado y amenazas de “mandarlo todo al carajo”. Desde Podemos se dijo que tal titular no respondía a la realidad de lo que allí aconteció y que no existía tal tensión interna. El presente parece darle la razón. Para entonces, la batalla contra Podemos se libraba fundamentalmente en los medios de comunicación de la caverna y en los debates televisivos. Pero al nuevo partido no parecían hacerle mella las simplezas de los estrafalarios personajes que defienden a la derecha carpetovetónica en las televisiones. Al contrario, cada rifirrafe que Pablo Iglesias mantenía con estos polichinelas parecía aumentar el caudal de sus simpatías.

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Is Revolution still possible today?

Disputas

La irrupción de Podemos en el panorama político español está planteando la posibilidad de una “revolución suave” en pleno siglo XXI ¿Es ésto posible? Cuando hace un año Byung-Chun Han debatía con Antonio Negri en Berlin sobre las críticas al capitalismo. Negri se entusiasmó con la idea de la resistencia global al empire, al sistema de dominación neoliberal. Se presentó como revolucionario comunista y se denominaba a sí mismo profesor escéptico. Con énfasis conjuraba a la multitud, la masa interconectada de protesta y revolución, a la que confiaba la tarea de derrocar al empire. Han consideraba que la posición del comunista revolucionario era muy ingenua y alejada de la realidad, por ello intentó explicar a Negri por qué las revoluciones ya no son posibles.

¿Por qué el régimen de dominación neoliberal es tan estable? ¿Por qué hay tan poca resistencia? ¿Por qué toda resistencia se desvanece tan rápido? ¿Por qué ya no es posible la revolución a pesar del creciente abismo entre ricos y pobres? Para explicar esto es necesario una comprensión adecuada de cómo funcionan hoy el poder y la dominación.

Quien pretenda establecer un sistema de dominación debe eliminar resistencias. Esto es cierto también para el sistema de dominación neoliberal. La instauración de un nuevo sistema requiere un poder que se impone con frecuencia a través de la violencia. Pero este poder no es idéntico al que estabiliza el sistema por dentro. Es sabido que Margaret Thatcher trataba a los sindicatos como “el enemigo interior” y les combatía de forma agresiva. La intervención violenta para imponer la agenda neoliberal no tiene nada que ver con el poder estabilizador del sistema.

El poder estabilizador de la sociedad disciplinaria e industrial era represivo. Los propietarios de las fábricas explotaban de forma brutal a los trabajadores industriales, lo que daba lugar a protestas y resistencias. En ese sistema represivo son visibles tanto la opresión como los opresores. Hay un oponente concreto, un enemigo visible frente al que tiene sentido la resistencia.

El sistema de dominación neoliberal está estructurado de una forma totalmente distinta. El poder estabilizador del sistema ya no es represor, sino seductor, es decir, cautivador. Ya no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia. El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad. Sigue leyendo

Las fosas caen en el olvido

Decenas de miles de familias siguen esperando que les devuelvan los restos de sus familiares desaparecidos en la Guerra Civil. LMH

Siete años después de su aprobación, la Ley de la Memoria Histórica mantiene una larga lista de tareas pendientes. La primera de ellas es aún la de localizar, exhumar y entregar a sus familias las decenas de miles de españoles que, 65 años después la conclusión de la Guerra Civil y 39 desde el fin de la dictadura, permanecen sepultadas en fosas comunes de cementerios o cunetas de carreteras.

Según la investigación que llevó a cabo el ex juez Baltasar Garzón en la causa del franquismo, 114.226 personas desaparecieron entre 1936 y 1951 a causa de la represión llevada a cabo por el régimen, un número que las asociaciones de la memoria histórica consideran por debajo de la realidad. Desde el año 2000 se han recuperado los restos de cerca de 6.000 de los asesinados. De estos últimos, 2.800 fueron exhumados en el antiguo cementerio malagueño de San Rafael, donde se calcula que se produjeron 4.400 ejecuciones.

El artículo 11 de la Ley de la Memoria Histórica establece que “las administraciones públicas, en el marco de sus competencias, facilitarán a los descendientes directos de las víctimas que así lo soliciten las actividades de indagación, localización e identificación de las personas desaparecidas violentamente durante la Guerra Civil o la represión política posterior y cuyo paradero se ignore”. Lo redactado sólo estipula que el Estado ayude a los familiares, sin llegar a encomendarle la responsabilidad de exhumar a los españoles asesinados.

Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), mantiene que la entrada en vigor de la ley no supuso avance alguno. “El principal problema ha sido siempre el mismo y no se ha solucionado con esta norma descafeinada. Esto debería ser una responsabilidad del Estado y no de los hijos o los nietos de las víctimas”.

El pasado julio un contundente informe del Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas de Naciones Unidas puso de relieve esta realidad. El documento valora que, desde el retorno de la democracia, “se han dado pasos importantes aunque tímidos para asegurar la verdad, la justicia, la reparación y la memoria frente a las desapariciones forzadas durante la Guerra Civil y la dictadura”.

No obstante, el equipo de la ONU recuerda que, de acuerdo con el derecho internacional que ha suscrito España, el Estado debe asumir una responsabilidad y “un rol de liderazgo” en la recuperación de las personas desaparecidas. Para solucionar la actual situación, Naciones Unidas lanzó una serie de recomendaciones entre las que se encuentra “adoptar, a la mayor brevedad posible, un plan nacional de búsqueda de personas desaparecidas”. Aunque el informe fija un plazo de 90 días para que España proponga un calendario, esta iniciativa no tiene carácter vinculante, con lo que no se podrá imponer ningún tipo de sanción en caso de que el Gobierno no atienda al requerimiento de la organización mundial. Sigue leyendo

Franco, ¿un fascista?

El debate acerca de la correcta caracterización de Franco y el franquismo en lo referente a sus relaciones con el fascismo y el nazismo, ha sido especialmente intenso en las últimas décadas. En concreto, precisar o aclarar la naturaleza del franquismo, su grado de compromiso con esas ideologías totalitarias, la franqueza de las declaraciones que hacía Franco o los falangistas sobre su adhesión a esos regímenes. Poco ha contribuido a ello el uso habitual de fascismo/fascista como dicterio o arma arrojadiza, de dudosa elegancia, en muchas discusiones. Basta ojear cualquier periódico digital que hable de este tema para encontrar los calificativos de dictador, asesino, genocida y, por supuesto, fascista, aplicado a Franco y su régimen. Veamos su valor descriptivo de lo que fue la dictadura franquista.Franquismo

Si hemos de creer a un falangista como Dionisio Ridruejo, ellos eran fascistas y se enorgullecían de serlo. Dice: “Se me ha preguntado más de una vez si los falangistas de 1936 éramos fascistas. Siempre he contestado afirmativamente. A otras personas, que también lo fueron, esa admisión les parece inaceptable, acaso porque no han sometido a un lavado crítico sus antiguas convicciones. Es cierto que José Antonio Primo de Rivera dio muestras de desear distanciarse de los modelos llamados totalitarios y que algunos de sus consejeros eran más maurrasianos que devotos de Mussolini o de Hitler. También es cierto que el falangismo era una ideología en formación y es posible que hubiera tenido una crisis si el resultado electoral del 36 hubiera sido otro. Este resultado electoral, sin embargo, llenó sus filas de masa netamente derechista que iba a Falange porque veía en ella el portavoz del fascismo español, de la acción minoritaria violenta para la conquista del Estado”. Cosa distinta es que Franco asumiera el ideario falangista.

Sería a partir de julio de 1936 cuando Falange, concebida como partido único adquiere un alto grado de imitación respecto a los modelos italiano y alemán. De lo que cabría concluir que el movimiento más propiamente fascista no fue el de la Falange originaria, sino el creado por Franco a partir del inicio de la guerra y, sobre todo, tras el Decreto de Unificación de 1937. Pero equiparar fascismo y franquismo resulta problemático porque los contextos ideológicos, políticos y sociales en los que surgieron tales regímenes fueron muy distintos. A diferencia de Alemania e Italia, la sociedad española hubo de enfrentarse a una guerra civil que no fue consecuencia de la dialéctica fascismo/antifascismo, sino de la de revolución/contrarrevolución. Salvo en España, no existió en la Europa occidental una izquierda tan radical y extrema como la anarquista y la comunista.

Este modo de proceder presenta el grave inconveniente de integrar en un mismo género político-ideológico al fascismo italiano y al nacional-socialismo alemán, con sus respectivas profesiones de fe pagana y atea, respectivamente, con el falangismo español y su apelación a una Revolución fundada en los más altos valores espirituales del cristianismo. Diferencia esencial entre unos y otros que, por cierto, a los falangistas precisamente no se les pasó y no les pareció secundaria o circunstancial. De ahí su resistencia, o ambigüedad, a la hora de asumir el término fascista como elemento de definición. La Falange no tuvo contacto con los partidos nazi y fascista. A José Antonio no le agradaba su carácter ateo/pagano; no sentía ninguna admiración por Mussolini del que decía que se había limitado a crear un mito. Pese a aceptar el carácter fascista de Falange pronto lo desmiente. Falange se separa de nazis y fascistas: es católica; equiparan su ideología a la política nacionalista de los Reyes Católicos; y la religión se hace más fuerte a medida que avanza la guerra.

En cuanto a Franco se puede afirmar que nunca fue fascista, en sentido estricto. Tenía una mentalidad estratégica que se adaptaba a cada situación. Los falangistas cometieron el error de pensar que Franco se identificaba con la ideología falangista. Pero Franco no creía en ninguna ideología, era un militar de academia formado en la lógica de la estrategia militar, que aplicó toda su vida al gobierno de España. No creía en los políticos ni en los intelectuales. Eran necesarios pero controlados desde un poder superior, que era el militar. A Franco no le tembló la mano a la hora de firmar condenas de muerte: en toda guerra, para ganar, tiene que haber bajas. Aprendida en la milicia es su división del campo en dos partes, la de los amigos y los enemigos, a los cuales hay que combatir hasta la muerte. La II República le había convencido de la inutilidad de los políticos y de las veleidades de los intelectuales. No creía en ellos. Los usaría pero con esa mentalidad militar: Falange, Acción Católica, ACNP, Opus Dei. Solo hay un grupo al que siempre tuvo a su lado, la jerarquía católica: esa será una de las permanentes críticas de la Falange dado que la Iglesia estaba alineada con la parte más reaccionaria y conservadora de la sociedad española. Franco siempre escondió su estrategia e hizo creer a todos que estaba con ellos, cuando en realidad no era así.

Franco impuso su estrategia de acercamiento a nazis y fascistas intentando convertir a España en una tercera potencia. Pero dejó de hacerlo cuando esto empezó a ser estratégicamente comprometido. Tal es la tesis que han defendido historiadores como Payne y que ha sido corroborada ampliamente por los testimonios procedentes del mismo Hitler. Tiene razón Ridruejo cuando niega el calificativo de fascista aplicado a Franco. Dice: “Franco no era fascista. Lo que a Franco le interesaba totalizar era únicamente el mando. Mando y obediencia habían de ser las relaciones recíprocas entre la jefatura y el Partido, el generalato, el Ejército, la presidencia y el Gobierno”. Todo estaba vinculado a su decisión suprema, pero él nunca estaría supeditado al Partido, como había ocurrido en alguna medida con Stalin y Hitler, y, de forma paradigmática, a Mussolini que fue forzado a dimitir por el Gran Consejo fascista (el Partido). Era una lección que Franco tenía aprendida. Sigue Ridruejo: “En las perspectivas de Franco tales vinculaciones resultaban inadmisibles. Él se organizó una figura trinitaria en la que la persona soberana era una –e incondicionada– y sus funciones tres: el Partido, las fuerzas armadas, el Gobierno, sin que estas funciones pudieran interferir las unas en las otras. El Gobierno no dependería jamás del Partido ni del Ejército. El Partido sería instrumental. El Ejército, un delicado aparato de obediencia automática, en el que residiría –latente– la última ratio”.

Si se entiende el fascismo sólo como la aspiración a establecer una nueva sociedad jerárquica y orgánica, con la que superar la anemia de la sociedad moderna, entonces, ciertamente, Falange sería un movimiento fascista (con el inconveniente de haberse devaluado la nación al ensancharse por su base).

Los monárquicos catalanes a don Juan (1955)

El régimen franquista pasaba en 1955 por uno de sus peores momentos. La recuperación del país era muy lenta en una larga autarquía y los Convenios con Estados Unidos (1953) aún tardarían en dar sus frutos. Opositores de todas las tendencias comenzaron a pensar en el final del régimen. Los monárquicos catalanes llevaban varios años hablando con representantes del republicanismo independentista para intentar consensuar un programa de mínimos que pudiera ser aceptado por Don Juan de Borbón en su exilio portugués. En junio de 1955 alcanzaron unos puntos mínimos para el día en que Don Juan accediera al trono español. En esencia, no aceptaban sin más al hijo de Alfonso XIII salvo que este adoptara una serie de medidas renovadoras. En un Memorándum que dirigían al Rey le hacían saber cuáles eran los puntos acordados:Don Juan

1) La primera manifestación de la Monarquía restaurada sea un llamamiento a la paz, la concordia y la reconciliación de los españoles, dando por muerto y enterrado el inicuo sistema político actual basado en el triunfo de unos españoles sobre otros y en la pervivencia del espíritu de guerra civil. El rey ha de serlo de todos, y si no fuese así no valdría la pena haberlo establecido en el Trono.

2) Restablecer las libertades de la Constitución de 1876: prensa, reunión, partidos, sindicatos.

3) Descentralización administrativa y política que permita a las provincias españolas agruparse en las regiones tradicionales, prefigurando la constitución federal de España (…) Nombramiento de un gobernador general para cada una de ellas (…) De ser posible, dicha autoridad habrá de ser oriunda de la región sobre la cual ejerce su jurisdicción.

4) Teniendo en cuenta que en Cataluña funcionó una estructura autónoma, con la Mancomunidad primero y la Generalidad después, conviene atribuir mayores facultades a esta región mejor preparada, por este antecedente, para ejercerlas. En especial, oficialidad de la lengua catalana para las relaciones interiores, organización y dirección de la instrucción pública en el país y reconocimiento de la bandera de las cuatro barras como enseña oficial del Gobierno regional. El restablecimiento puro y simple de la Mancomunidad no sería hoy satisfacción suficiente para los catalanes.

5) Liberar la economía española (…) de las intervenciones y trabas estatales; promesa de acabar con la inconcebible corrupción de la administración actual y con la existencia de las mastodónticas instituciones económicas de más que dudosa utilidad. Apartamiento de los militares de las funciones administrativas que no les son propias.

6) Revisión de la legislación social y obrera, con objeto de eliminar de sus funcionamiento toda tendencia política.

7) Relevo inmediato del personal directivo de sindicatos obreros y patronales e instituciones sociales y de previsión, (…) suprimiéndolas si no son necesarias.

8) Relevo inmediato del personal directivo de diarios, periódicos, agencias periodísticas, emisoras de radio y asociaciones de la Prensa, tanto si deben el cargo a nombramiento directo como a elecciones simuladas o amañadas con censos de electores depurados.

9) Renovación de los Ayuntamientos, Diputaciones provinciales y demás organismos estatales o paraestatales con personas no contaminadas de virus totalitario. Todos los nombramientos provisionales en Cataluña deben recaer en catalanes.

10) Presencia en el primer Gobierno de la Monarquía de dos ministros catalanes, uno de ellos en un Ministerio económico.

11) Supresión pura y simple del llamado Ministerio del Movimiento, y prohibición de la Falange. Otras muchas medidas habría que tomar, especialmente aquellas que serían especialmente gratas a los catalanes y determinarían su adhesión al régimen redivivo. Su objetivo es liberar al país del régimen actual; pero de tal manera que ni él ni otro semejante pueda producirse en el futuro. Los que le escriben están dispuestos a acallar sus convicciones republicanas y colaborar en la tarea de reconstrucción.

La oposición al franquismo

La oposición política al franquismo partió de los partidos y sindicatos derrotados en la guerra, pero progresivamente surgieron nuevas formas de oposición, incluso desde dentro del propio régimen, demandando libertades. Describir ese variopinto panorama de personas y grupos que lo integraban es lo que pretendía, desde el exilio mexicano, un artículo de 1959 en la Revista “Diálogo de Las Españas”. La distancia provocaba algunas curiosas distorsiones que para lo poco expertos podrían equiparar a duros del régimen como Blas Piñar con demócratas como Ruiz-Jiménez o Tierno Galván. Este es el texto:Bandera1

LOS GRUPOS COLABORACIONISTAS QUE SE DICEN DE LA OPOSICIÓN A FRANCO:

La aparente paradoja de su postura responde al continuismo, o deseo de que el franquismo continúe después de Franco. Son:

1. Grupo Opus Dei. Aunque hoy son los mejores y máximos servidores del Régimen, preparan alguna gente para jugar a otros paños: es el sector dirigido por R. CALVO SERER y F. PÉREZ EMBID. Se dicen de la oposición desde hace muy poco tiempo.

2. Monárquicos de ultra-derecha (difunto CONDE DE RUISEÑADA, MARQUÉS DE VALDEIGLESIAS, FERNÁNDEZ DE LA MORA, “Amigos de Maeztu”, etc.) Propugnan la monarquía “tradicional, católica social y representativa”. Ahora se infiltran en el grupo tradicionalista-juanista (a través de los hermanos ORIOL URQUIJO), convirtiendo a este grupo en continuista. Desde hace más de dos años, muy vinculados (y quizás movidos) por el grupo Opus Dei.

3. Tradicionalistas javieristas (JOSÉ LUIS ZAMANILLO, JOSÉ M. VALIENTE, etc.), prolongación del tradicionalismo cerril y decimonónico, esperan llegar a ministros de Franco y compartir el poder con sus amigos del Opus Dei.

4. Democristianos colaboracionistas (A. MARTÍN ARTAJO, FEDERICO SILVA, BLAS PIÑAR, OBISPO A. HERRERA) y de otra parte el grupo J. RUIZ JIMÉNEZ, con cierta influencia en algunos Colegios Mayores Universitarios. Hace años fueron una esperanza dentro del gobierno franquista, por sus atisbos de relativo liberalismo, pero añoran sus ministerios y no son trigo limpio; muy clericales, aunque no tanto como Opus Dei.

OPOSICIÓN DERECHISTA

1. Tradicionalistas juanistas: importante disidencia de la disgregada Comunión tradicionalista, que ha aceptado como rey a D. Juan de Borbón, y que encabeza J. M. ARAUZ DE ROBLES, los ORIOL, CONDE DE LA FLORIDA, etc. Han tratado, sin éxito, de monopolizar el monarquismo juanista. Con infiltraciones del grupo Opus Dei, que juega también esta baza a través de H. ALTOZANO (hoy gobernador de Sevilla) y sus esbirros, algunos universitarios, que están haciendo en esa provincia un acabado experimento de teocracia dictatorial.

2. Monárquicos juanistas, formado por los siguientes grupos, aún no unificados:

UNIÓN ESPAÑOLA, integración no muy estable de seis o más grupos:

Grupo de JOSÉ MEIRAS OTERO (Amigos de Cánovas), de PÉREZ GRIPO (Amigos de Calvo Sotelo), MEZQUITA, ALCALÁ DEL OLMO, etc., muy vinculados al General Aranda. Entraron en Unión Española, pero parecen irse distanciando de ella (quizás se han retirado?) por sentirse desplazados de la dirección. MEIRAS y otros tienen hoy como único objetivo entrar en el Consejo Privado de D. Juan.

Grupo de JOAQUÍN SATRÚSTEGUI (realistas, VICENTE PINIES, JAIME MIRALLES, FANJUL, etc.) Son el verdadero núcleo de Unión Española y tienen influencia sobre D. Juan por medio del secretario PADILLA, sobre la Banca, la aristocracia, etc.

Individuos que pertenecen a Unión Española, pero que suelen llevar su propio juego político: TELLA, no político, muy activo, aportó a la U. E. los nombres de ARANA y de E. TIERNO GALVÁN; CARBONELL, no político, conspirador experimentado, muy influyente en la C. N. T., muy ligado a TELLA y a MASEDA; MASEDA, influyente en ciertos sectores bancarios, quiere acercarse al grupo de GIMÉNEZ FERNÁNDEZ, pero haciendo valer su adhesión bajo amenaza de crear un partido agrario y de pequeños contribuyentes, influyente en Carbonell y otros.

Grupo de JOSÉ DOMÍNGUEZ DE ARANA (antiguos miembros de Acción Nacionalista Vasca, regionalistas vascos anticlericales, apoyan decididamente la monarquía por oposición a los nacionalistas del grupo Euskadi-AGUIRRE que se inclinan por la república. Parecen tener mucha relación con los Bancos de Bilbao y Vizcaya. Influyen mucho en U. E., muy activos, con influencia en el País Vasco, aunque menor que el Partido Nacionalista Vasco.

Grupo funcionalista de E. TIERNO GALVÁN: neoliberales o neosocialistas, ya nadie sabe con certeza lo que es este pequeño grupo, influyente, de marcado tipo intelectual y cierta influencia sobre algunos jóvenes diplomáticos y profesores. Parece un grupo antirreligioso en sentido amplio, y despierta recelos en otros grupos de la oposición. TIERNO es hoy el hombre más influyente en la U. E., pues los verdaderos monárquicos de ésta le consideran como su posible y futuro enlace con la Izquierda. No debe ser monárquico, si acaso circunstancialmente.

Grupo de ex republicanos (ZULUETA, SALABART, NAVARRO, DE BENITO, etc.) Muy dinámico, muy influyente en la U. E. y en el Colegio de Abogados de Madrid, muy relacionados con Tierno y Satrústegui, llevando con estos la dirección de la U. E., parecen haberse adherido sinceramente a la Monarquía.

NO ADHERIDOS A LA U. E.:

Grupo de FONTANAR (con VALDECASAS, GAMERO DEL CASTILLO Y PABÓN): aristócratas e intelectuales muy derechistas y poco influyentes, de escaso número, muy próximo a la U. E. aunque niegan estar adheridos a ella.

Grupo de LUIS GARCÍA DE LA RASILLA, con el CONDE DE GUAQUI a su derecha y el CONDE CIFUENTES a su izquierda. Muy opuestos a la U. E., por la animosidad y odio de RASILLA contra Satrústegui. Propugnan la candidatura del INFANTE ALFONSO DE ORLEANS para que represente en España a D. Juan como Regente. Grupo con muchas simpatías entre los jesuitas, tiene claras inclinaciones democristianas, pero muy derechistas comparadas con las de Giménez Fernández. Sigue leyendo

Pío XII, los judíos y España

La controversia que ha rodeado el papel de Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial y su actitud frente a la persecución de los judíos podría aclararse en breve si se confirman las intenciones del Papa Francisco de abrir a los estudiosos archivos no conocidos de ese periodo. Él vivió muy de cerca el ascenso del nazismo, ya que fue nuncio en Alemania desde 1917, y desde 1930 dirigió la política exterior de la Santa Sede como secretario de Estado hasta ser nombrado pontífice en 1939.Pio XII

De los documentos que se conocen, resulta indudable que el Papa rechazaba el nazismo, pero también que creía que debía mantener relaciones con Alemania como mal menor. La principal acusación por parte de algunos historiadores que fue cogiendo vuelo a partir de los sesenta se centra en que el Papa no condenó de forma pública el fascismo y que no intervino para detener las deportaciones de judíos, a pesar de estar al corriente. Lo cierto es que en la posguerra recibió el agradecimiento de destacadas personalidades judías, entre las que figuró Albert Einstein. Durante la contienda, el Vaticano escondió a numerosos judíos en iglesias y monasterios; a muchos les facilitó falsos certificados de bautismo y visados. Israel Zolli, Rabino Jefe de Roma durante la Segunda Guerra Mundial, se hizo católico  pocos años después de terminar esta y quiso ser bautizado con el nombre de Eugenio Pío, en honor de Pío XII. El Congreso Judío Mundial agradeció en 1945 la intervención del Papa, con un generoso donativo al Vaticano. En el mismo año, el gran rabino de JerusalénIsaac Herzog, envió a Pío XII una bendición especial “por sus esfuerzos para salvar vidas judías durante la ocupación nazi de Italia”.

Por lo que se refiere a nuestro país, el gesto más significativo fue el Radio mensaje a España de Pío XII (16 de abril de 1939). Había sido elegido apenas dos semanas antes (el 2 de abril). Franco agradeció sobremanera este gesto del Romano Pontífice en momentos tan cruciales para el régimen. Años después, el 12 de mayo de 1956, con motivo de los 80 años del Papa, se organizó en Madrid  un “Homenaje del pueblo español a Pío XII“. El acto se celebró en el estadio Santiago Bernabéu, escenario de las “demostraciones sindicales”. Tuvo una cuidada escenificación, con la presencia de personajes de todos los ámbitos de la sociedad española. Comenzó con un breve concierto de la Banda de la Policía Armada, dirigida por Arturo de los Santos, con piezas de Parés, Ganne, Sousa y Wagner. La dirección del acto fue de Blas Piñar que presentó a los intervinientes. Se escogió a personas significativos en diversos ámbitos de la vida española: Un niño español, Marcelino pan y vino, es decir, Pablito Calvo. Una madre de familia, Guadalupe Torrado de Sánchez Aguilar. Una voz del mundo de los deportes, Santiago Bernabéu. Un obrero, Manuel Castañón. Un hombre de empresa bilbaíno, José María Oriol. Un periodista, Nicolás González Ruiz. Un caballero andaluz, Álvaro Domecq. Un militar que fue “Embajador en el infierno”, el Comandante Palacios. Un escritor catalán, autor de La herida luminosa, José María Sagarra. Un catedrático, el de la Universidad de Santiago, Álvaro D’Ors. Un sacerdote, párroco de suburbios, D. Antonio Varela.