Metidos de lleno en una bacanal de recortes que nos conducen derechos al precipicio social y económico, no está de más traer a colación un ejemplo de la España franquista, hace 66 años, que muestra cómo todo está ya inventado. 
En previsión de los presupuestos para el año 1956, el gobernador civil de Valencia, Diego Salas, enviaba a los ayuntamientos una circular encareciendo la austeridad en los presupuestos municipales. Después de tanto escándalo y gasto inútil, da que pensar las observaciones de Salas sobre la supresión de gastos innecesarios en festejos, comidas, etc. Sin embargo, alentaba el gasto en partidas como educación, cultura, funcionarios, atención a los más pobres. Lo mismo que están haciendo nuestros gobernantes. Tres indicaciones se daban: austeridad; publicidad de la gestión económica; eficacia de los servicios.
1) Austeridad. Administramos fondos que no son nuestros, sino patrimonio de la comunidad, y estamos obligados a alcanzar la máxima eficacia con el menor desembolso posible
a) Gastos voluntarios. Sus cifras deben reducirse al mínimo cuando tantas son las necesidades a atender. Resulta grotesco, por no decir criminal, que aparezcan cifras elevadas para festejos, cuando en el mismo Presupuesto, atenciones fundamentales están insuficientemente doradas. Hemos prohibido ya vinos de honor y banquetes. Pero todavía hay que gastar menos dinero en actos oficiales, vaquillas y ruidos, para poder ampliar las consignaciones de obras y mejoras. Ningún gasto innecesario
b) Consignaciones para festejos. Por falangistas, nuestro sentido español de lo popular nos da una exacta dimensión de la alegría y el interés tradicional de las fiestas patronales, que deseamos tengan el máximo esplendor, pero este no puede alcanzarse a costa de que se olvide la atención a cosas sustanciales. Y si las fiestas no pueden hacerse con poco dinero, como los Ayuntamientos tienen otra finalidad superior y primera que la de organización de festejos, que estos sean subvencionados o atendidos por otras fuerzas sociales y que el Municipio, sin abandonar la función de tutela y dirección que sobre esos festejos le corresponde, estimule a los particulares y asociaciones recreativas a que contribuyan a soportar esos gastos. Y que la inversión se realice en forma reglada y no con subterfugios, dietas, transferencias de créditos y otras simulaciones que desprestigian al Ayuntamiento que incurre en viciadas corruptelas
c) Padrón de Beneficencia. Cuando el Seguro Obligatorio de Enfermedad engloba a la mayoría de los vecinos necesitados de los pueblos, los Padrones de Beneficencia deben ser estudiados de un modo riguroso, eliminando de los mismos a cuantos ya tienen derecho a las prestaciones del Seguro. El Padrón debe hacerse con un sentido de caridad cristiana, incluyendo a cuantos lo necesiten; pero ha de huir del criterio de viejo politiqueo que englobaba en el mismo a todos los miembros de un partido, procurando ganar adeptos con el abuso manirroto de esos auxilios Lee más »
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