Historia y manipulación

Tengo en mi mano el  nuevo programa de la asignatura Historia de España (2º Bachillerato), que será preceptivo para el curso 2017-2018 en todos los institutos y colegios de varias comunidades. Leyendo sus contenidos, acude a mi mente que el conocimiento nunca puede ser absoluto, pues cualquier modelo teórico no es copia del mundo, sino una representación de nuestro campo de acción, que es de por sí limitado; que nunca puede ser neutral, porque  todo conocimiento tiene un significado emocional; en el campo concreto de la historia,  siempre influye en el historiador su proyecto social. Michel Foucault definió la historia como un discurso histórico-político.

Si el conocimiento no es absoluto ni neutral, los historiadores, autores de manuales,  diseñadores y mediadores del currículo tienen la posibilidad de elegir. Pueden optar por ordenar los hechos en una secuencia que legitime el presente, o por poner el presente en situación crítica; pueden inclinarse por una historia hegemónica, la «historia del poder», o por una historia contrahegemónica, la «historia de la gente», que refleje los problemas de la mayoría; pueden excluir la memoria, con la consiguiente deshumanización de la historia, o incluirla, tomando – o no- precauciones con  los «malos usos» de la misma; pueden recrearse en el narcisismo  del grupo (nacionalismo, xenofobia, eurocentrismo…), o buscar la  mirada del otro: «El miedo a los bárbaros [al extranjero, al diferente], dice el historiador Tzvetan Todorov, es lo que amenaza con convertirnos en bárbaros», que son, en esta segunda acepción, los que no reconocen la humanidad de los demás. Quiero extraer de todo esto una conclusión  obvia: la elección que haga el historiador, el  diseñador del currículo, el editor…, por ser libre, tiene forzosamente implicaciones éticas.

¿Por qué esa elección del programa de Historia de España para los alumnos de 2º de Bachillerato? Programa que es una secuenciación de la historia de España que legitima el presente, una narración que termina con el enunciado «Normalización democrática de España e integración en Europa», que incluye la Transición y la integración en Europa, como si se tratara de un final de la historia. Basta tirar de la RAE para entender que la Transición inaugura un sistema que pone orden donde no lo había. Conozco muy bien la tendencia de programas y manuales de la época de Isabel II, de la Restauración, de la II República, del franquismo… a considerar esos regímenes  como definitivos. Que siempre se han equivocado es un aserto que no necesita  demostración. A pesar de ello, nuestro autor prefiere  instalar a los alumnos en la confusión,  en lugar de hacerles conscientes de estar en el vendaval de la historia.

El programa apuesta claramente por la historia del poder, no por la historia de la gente, de la mayoría. Los que marcan el devenir del tiempo son los reinos y reyes. Preocupa la estructura del Estado (Provincias romanas, Corona de Aragón, Cortes), los hechos militares (Navas de Tolosa, Guerra de Sucesión), las paces y tratados (Pirineos, Utrecht)…, pero nunca se ve una preocupación por los que detentan el poder en cada momento histórico, ni por los marginados del mismo. Es sintomático que se exija a los alumnos conocer el concepto «reconquista» (la acción militar que determina la posesión del territorio), y se olvide el concepto «repoblación», clave en el origen de estructuras socioeconómicas duraderas, como los usos y propiedad de la tierra, la permanencia o no de minorías étnicas… Se me podrá rebatir que, a propósito de las desamortizaciones, puede tratarse la posesión de la tierra en el feudalismo y el Antiguo Régimen. Respondo a mi vez: entonces, ¿para qué están los temas anteriores a la Edad Contemporánea? Se exige conocer la industrialización, el anarquismo y el socialismo, pero, al parecer,  la  condición de las clases campesinas y obreras carece de interés.

Ninguna preocupación por la memoria. La desaparición del punto relativo a la represión franquista, que sí está en el programa actual, es sintomática. Si a la vez siguen unidas en un mismo tema la II República «y» la Guerra Civil, implícitamente se ve la segunda como una consecuencia directa de la primera, cuando la causa de la guerra no fue la República, sino un golpe de Estado. Nos enteramos gracias a este programa de que el contacto entre dos mundos, resultado de la «expansión mundial» de la Monarquía Hispánica  (demasiado triunfalista, ¿no?) fue un «descubrimiento»: tenía mucha razón Reyes Mate cuando afirmaba que hay muy poca memoria en la historia que nos han enseñado de la conquista (palabra que no aparece en el programa) de América, mientras esa memoria llena los relatos de los indígenas.  Si a eso añadimos que la expulsión de los judíos y de los moriscos, al margen de cualquier drama humano, sólo interesan  por sus consecuencias económicas (desde los planes del periodo tecnocrático franquista desaparece la justificación de  su expulsión por razones religiosas), averiguaremos la conciencia que se crea en nuestros alumnos sobre los perdedores de la historia.

Por el contrario,  el programa desprende un tufo nacionalista español que se observa en el uso de términos absolutamente inapropiados («España de los cinco reinos»), la recuperación del mito de raigambre liberal sobre las «tres culturas» peninsulares de la Edad Media,  que contribuye a dar una imagen armoniosa que nada tiene que ver con la realidad (guerras, antisemitismo, pogromos). El triunfalismo («expansión universal» de la Monarquía Hispánica), corre paralelo a la exclusión del otro indio, morisco, judío, perdedores de una guerra civil…  La referencia a la «conquista» de Navarra (la programación anterior sólo hablaba de «anexión»), podrá aliviar la conciencia de otros nacionalismos, pero no la de la historiografía profesional: los programas nunca abren la reflexión sobre el concepto «nación» o «identidad», en torno a los cuales se generan en nuestra sociedad  tantos equívocos.

A todo esto hay que añadir que en la nueva Prueba de Acceso se elimina la parte práctica (comentario de texto o gráfica), quedando reducida a la exposición de conceptos y preguntas teóricas. La asignatura pierde así todo su carácter formativo para reforzar lo memorístico. Se me dirá que el profesor es soberano en su clase, que podrá seguir comentando textos, gráficas, imágenes, que podrá seguir haciendo reflexionar a sus alumnos sobre conceptos, categorías, palabras, prejuicios y mitos, incluidos los del programa, que podrá seguir dando a la asignatura todo el carácter formativo de que sea capaz. Es  cierto. Pero también es cierto que los profesores de la asignatura deberán hacer todo esto al margen del programa. La reflexión, las técnicas de comentario,  la elaboración de mensajes propios…  han sido expulsados del sistema educativo y reducidos a sus márgenes. Los alumnos y los padres  quisquillosos, incluso los  profesores (al fin y al cabo, han sido profesores los que han diseñado el programa y votado el tipo de prueba), siempre se lo podrán echar en cara. Nuestro profesor tendrá que derrochar una buena dosis de energía, arrojo y valentía para dar a la asignatura el carácter formativo que cree que merece: este nuevo sistema ya no es el suyo, sino el de los años 40 ó 50 del pasado siglo.

Me reservo la valoración ética que me merece semejante disloque. Pero sí me gustaría encontrar un concepto para definirlo. Quizá nos sirva el de posmodernidad. La modernidad es un relato para cambiar el mundo. La posmodernidad es la ausencia de relato, la coexistencia de  relatos inocuos que no dialogan entre sí,  la espiral que sigue dando vueltas a problemas irresolubles. Tanta liquidez, tanta  indeterminación,  es la que  permite que se cuelen entre sus rendijas valores tan tradicionales y arcaicos como los contenidos en el programa que comento. Sólo queda seguir abrazados a la falsedad de una sociedad que parece tan satisfecha de sí misma.

(Emilio Castillejo, 16/VI/17)

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27 pensamientos en “Historia y manipulación

  1. Pues si nos fiamos de la explicación catalana estamos listos. Creo que sobre este tema hay que leer todo lo que ha salido de la investigación tanto por parte catalana como por parte de otros historiadores y después sacar consecuencias propias. Digo esto porque cayó en mis manos un libro con las dos versiones, ambas pretendían estar ampliamente documentadas y citaban las fuentes, siendo así que si bien parece ser que citaban bien es evidente que callaban lo que les interesaba, pero permitía entrever la verdad más posible. Como consecuencia de esto: Decir corona catalana-aragonesa tiene el mismo sentido y rigor histórico que decir corona arago-catalana. Parece ser que Cataluña, Aragón y Valencia (tambien Mallorca con estatus especial por estar vinculada a Cataluña) formaban lo que hoy pudiera ser una confederación de estados, tipo Estados Unidos, y al frente de esta confederación estaba un señor que se hacía llamar rey y que reunía cortes unas veces en Cataluña otras en Aragón y otras en Valencia. Este conjunto se denomina corona de Aragón pero no por eso Cataluña y Valencia estaban supeditadas al gobierno que pudiera haber en Aragón.

    • La burocracia castellanista con todos los medios de la Inquisición y el aparato del Estado lleva 400 años falsificando documentos y recreando una ficción para engrandecer Castilla apropiándose de la historia, hechos y personajes catalanes. Gracias al INH ahora se está desmontando el cuento.

      • El monopolio de la cultura ya se ejerció en tiempos pasados, siendo la más reciente, la Dictadura. En Catalunya pasamos de los monopolios que quieren ejercer en nombre de España, que nunca han traído nada bueno para nosotros.

  2. Brevísimo resumen de un documento que circuló por la Generalidad en 1990 y que nadie negó en su momento. Muestra al detalle como debe adoctrinarse en todos los ámbitos:
    -«Catalanización de los programas de enseñanza»
    -«Elegir y vigilar a los inspectores para que sigan la normativa sobre la catalanización de la enseñanza.»
    -«Incidir en las asociaciones de padres, aportando dirigentes con criterios nacionalistas. Incidir en las escuelas de FP y de directivos para difundir el espíritu catalán entre los alumnos, futuros directivos de empresa.»
    -«Potenciación de las asociaciones de estudiantes nacionalistas.»
    -«Incidir en la formación de los periodistas para garantizar una conciencia nacional catalana.»
    -«Introducir nacionalistas en los lugares claves de los medios comunicación.»
    -«Creación de una agencia de noticias de espíritu nacionalista.»
    -«Catalanización de las federaciones deportivas» ETC ETC ETC…

    El documento se filtró en varios medios de comunicación de la época→ https://goo.gl/L9m7uC
    Si el secesionismo fuera de abajo hacia arriba como dicen…¿para qué tanto dinero invertido en hablar de secesión en la televisión pública, los colegios, en las Diadas, los deportes , subvenciones a las plataformas, banderas esteladas en farolas…etc etc?

    ¿HAY UN HECHO DIFERENCIAL O HA SIDO IMPUESTO DESDE ARRIBA? ¿SON NACIÓN O LES HAN HECHO CREER QUE LO SON?

    • Panfletos sin autor, ha habido siempre. En cambio, Wert no tuvo empacho alguno en exteriorizar en sede parlamentaria el: “nuestro interés es españolizar a los niños catalanes”. Que se va a quedar en un deseo incumplido.

  3. El problema es determinar quien o quienes van a ser los que redacten los libros de texto. Para que las versiones sean objetivas y cuenten con todos los puntos de vista.
    Ni sandeces catalanistas, por ejemplo, ni estupideces centralistas del estilo de las que antaño se estudiaban como:
    En 1492 se unifica España; falso.
    La frase atribuida a los reyes catolicos ,Tanto monta ,monta tanto Isabel como Fernando: falso.
    Etc,etc

  4. Para mí el tema catalán es una fiel reproducción del tema nazi, ha actuado de la misma manera, el mismo lavado de cerebro a los mismos individuos indefensos, es decir, a los alumnos no se los enseña a contrastar, se les da todo masticado para que repitan el mantra de que los españoles nos llevamos sus ganancias y los dejamos en la miseria, cuando la realidad es que, año tras año, los españoles les pagamos su déficit presupuestario, que, ¡oh casualidad! siempre supera la suma de los déficit de todas las demás autonomías. En fin, es un tema perdido, una de tantas batallas en los que la Historia se escribe al revés, como “Inglaterra recuperó Gibraltar de manos de los españoles”, en vez de “Felipe II cedió Gibraltar y Menorca a Inglaterra en el Tratado de Utrecht”. Es decir, todos los fraudes se basan en una mentira institucionalizada.
    Por otra parte, llevamos muchos años sabiendo que hubo un golpe de estado en las elecciones del 36, sin embargo, ningún libro se atreve a publicarlo, incluyendo las pruebas irrefutables, Seguramente pasa con esto como con la política de limpieza étnica de Stalin y Mao, que los palmeros a sueldo se cansaron de negar, a pesar de que los datos estaban ahí. Es decir, nadie niega que Franco tomó el poder de forma ilegítima, hasta los franquistas lo reconocen. Sin embargo, cuando se habla del terrorismo en la República, todos lo niegan, insisten en que es propaganda franquista. Y sin embargo, los hechos dicen lo contrario. El mismo Carrillo se pasó la vida negando la matanza de Paracuellos, cuando los documentos con su firma están ahí.

  5. No es algo nuevo. La manipulación de la Historia es una práctica tan vieja como deleznable. Es ponerla al servicio del partidismo y la propaganda. Durante siglos fue algo habitual. Un historiador no puede permitir que la ideología le ofusque, como sucedía con la historia patriótica, romántica o marxista. Este tipo de ofuscación es un mal característico de los que quieren que la Historia diga lo que les conviene. Es algo que sucede con numerosos estudios sobre la II República, la Guerra Civil y el Franquismo donde no se abordan estos temas tan complejos con rigor y objetividad. No se puede escribir sobre un suceso, un periodo o un personaje histórico desde la simpatía o la antipatía. Un mal historiador, por más renombre que tenga, es quien antepone la ideología al análisis y la búsqueda de fuentes a la opinión sesgada.

  6. Toda la historia está escrita desde el presente, tomando en cuenta el conjunto de conflictos e intereses contrapuestos que se manifiestan en la sociedad desde la que se escribe. La historia es ciencia, pero es una ciencia muy especial. La selección de los hechos sobre los que un historiador pretende investigar y descubrir sus orígenes, evolución, conflictividad, consenso o desencuentro posteriores y sus resultados no es inocente. Tampoco lo son los límites espaciales y temporales que obligatoriamente debe poner a su investigación. Cualquier hecho histórico ocurrido en cualquier lugar está relacionado, tanto en la escala temporal, con hechos que le precedieron y colaboraron o participaron en su ocurrencia, como en la espacial, con acontecimientos que sucedían en su entorno geográfico más o menos próximo. Es imposible investigar a la vez todo sobre un hecho, todo sobre sus antecedentes y todo sobre lo que sucedía en el resto del mundo al mismo tiempo.

  7. La selección de hechos que hace cualquier historiador no es nunca inocente, siempre responde a unos intereses sociales determinados. Por eso la historia, aunque sea con mayúsculas y se llame ciencia, no es neutral, sino que responde a los intereses y al conflicto del presente desde el que se la estudia. En este sentido, Raymond Aron, 1964, comentaba, Cada sociedad tiene su historia y la reescribe a medida que ella misma cambia. El pasado sólo queda fijado cuando no hay futuro. Los hechos a estudiar siempre se eligen desde el debate político del presente. Como afirmó Edward Said, 2000, La escritura de la historia es el mejor camino para dar su definición a un país y la identidad de una sociedad es en gran parte función de la interpretación histórica, campo en el que se enfrentan las afirmaciones que se discuten y las contra afirmaciones.

  8. Normalmente la memoria histórica es la base sobre la que se sustenta la selección de hechos que se ofrecen para la investigación histórica. Ahora bien, cuando en un conflicto hay vencedores y vencidos la memoria juega un papel ambiguo. Según Walter Benjamín, 1938, la memoria de los vencidos es la única vía para el resarcimiento de la derrota cuando ésta es considerada injusta. Si los dominados relegan la situación y hechos en los que fueron vencidos, el olvido constituye una segunda derrota que, según Benjamin, puede ser definitiva. La memoria es un factor emancipador de primer nivel. Por eso, los triunfadores tratan de hacer que los vencidos olviden la memoria de sus derrotas, que la tengan desdibujada o directamente tergiversada y sustituida por la impuesta desde el campo vencedor.
    Son los vencedores quienes escriben la historia y ésta es su principal arma. Sus historiadores tienden a dejar de lado muchas de las prácticas que caracterizan al método científico de la historia para lograr una versión favorable a los intereses de quienes triunfaron. La selección de hechos a investigar suele ser tendenciosa y, con frecuencia, los análisis de fuentes y archivos que realizan sesgados, parciales o simplemente manipulados. El documento descubierto en 2011 por la historiadora Idoia Arrieta, sobre la conquista y ocupación de la Navarra marítima, o País Vasco Occidental en 1200, en el que la propia denominación de conquista referida a San Sebastián aparece ocultada, con dolo, por parte del burócrata español de turno a las órdenes del político correspondiente al transcribir el documento, constituye un ejemplo más de esta manipulación.

  9. La publicación de un supuesto documento de la CIA en el que se advertía de un atentado en las Ramblas y utilizado para cuestionar a los Mossos, cuya veracidad está más que en duda, cuestiona la actitud de los grandes medios en el Estado.
    El charco político y mediático en que ha degenerado lo que debiera ser un debate democrático sobre Catalunya vivió ayer un nuevo capítulo que vuelve a poner en cuestión la credibilidad y fiabilidad de los grandes medios de información en el Estado, a los que estudios internacionales independientes sitúan a la cola de Europa. El Periódico publicaba una supuesta exclusiva con un documento presuntamente atribuido a la CIA en el que se daba cuenta de lo que parecía un aviso a los Mossos sobre un atentado en las Ramblas de Barcelona como ocurrió hace 15 días. Y que de ser cierto cuestionaría la versión oficial, tanto de la Generalitat como del Gobierno central, de que los atentados de Barcelona y Cambrils fueron improvisados tras la explosión de decenas de bombonas en un chalet de Alcanar donde los autores preparaban un gran atentado contra la Sagrada Familia. La información comenzó a ser cuestionada al poco en los principales medios europeos y de EEUU y el propio Julián Assange, periodista y ciberactivista que publicó a través de Wikileaks decenas de miles de documentos secretos de la diplomacia internacional, cuestionó la autoría de la CIA y la veracidad del documento. El director de El Periódico tuvo que explicar que el documento -con errores ortográficos y de puntuación gramatical- era una recreación periodística, pese a que se presentaba a la opinión pública con el logo de la agencia estadounidense y apariencia de oficialidad, de la información que había recibido de una supuesta fuente por vía oral. Pese a ello, la mayor parte de los medios españoles siguieron dando credibilidad a la información, mientras que la mayor parte de los medios catalanes la vincularon a un nuevo ataque político contra los Mossos y Catalunya. A partir de ahí, tanto la Generalitat como los Mossos o el Ministerio de Interior intercambiaron declaraciones sobre los supuestos avisos recibidos que, además de incidir en reproches y acusaciones mutuas, sólo aportaron más confusión. Quizá nunca sepamos toda la verdad de lo ocurrido en Barcelona -se han publicado decenas de falsedades-, pero sabemos que la intoxicación y manipulación al servicio de intereses políticos y económicos del Estado y las grandes empresas están ganando el terreno al ejercicio del periodismo al servicio del derecho de información de los ciudadanos. Y Catalunya lleva tiempo siendo un banco de pruebas de las cloacas policiales y judiciales del Estado para difundir informaciones falsas y publicar montajes sin base real alguna.

  10. Ya decía Benedetto Croce que toda historia es historia contemporánea porque la historia se escribe desde el presente y de manera inevitable refleja el debate político del momento. De ahí que la objetividad historica sea un loable propósito más que una realidad; el historiador objetivo es aquel que se esfuerza en ser objetivo aunque en el entendimiento de que la plena objetividad es inalcanzable. En este país, la izquierda y los secesionistas suelen acusar a la derecha de manipular la historia con propósitos según parece franquistas, de menosprecio de la sacrosanta Segunda República, de sus combatientes siempre heroicos etcétera. Como prueba de esta acusación siempre traen a colación a personajes como César Vidal o Pío Moa, dos mediocres polemistas a sueldo dedicados a elaborar una propaganda presentista pseudohistórica para consumo de la derecha que lee. Pero cuando historiadores profesionales consecuentes y serios, con metodología y deontología profesionales, ponen en tela de juicio la mitología histórica izquierdista automáticamente los voceros airados del rojerío patrio empiezan a insultarlos como franquistas, antidemócratas o derechistas. La rastrera acusación de franquista contra el no adicto es una actitud inquisitorial obsesiva en la izquierda española. En realidad, casi nunca tienen más argumento que este insulto para tratar de asustar al dicrepante y así ganar por la mano. Pues bien, cuando Stanley Payne, por ejemplo, señala que la izquierda española de los años 30 tuvo muchísima responsabilidad en la implosión de la democracia republicana por su sectarismo y la revolución de octubre 1934 frente a un gobierno plenamente republicano y democrático tiene toda la razón. La derecha no respetó la legalidad republicana en 1936, cierto; pero la izquierda tampoco la respetó en 1934; y era la misma legalidad republicana en 1934 y 1936. Pero por lo visto, unos tenían patente de corso para sublevarse y los otros no. ¿Por qué? No se dice; o se sueltan soflamas moralizantes completamente vacías. Cuando Ranzato destaca que el ambiente prerrevolucionario de la primavera frentepopulista de 1936 fue una causa importante en la radicalización de una derecha atemorizada que acabó entregándose al golpismo no está diciendo ninguna tontería. Así fue. Cuando Álvarez Tardío o Villa García demuestran empíricamente que hubo graves irregularidades en el recuento de votos durante las elecciones de febrero de 1936 y que la victoria frentepopulista no fue del todo legítima por este pucherazo están poniendo el dedo en la llaga que más duele a los creyentes en una República idílica y en una izquierda inmaculada y perfecta carente de cualquier culpa histórica. Cuando Fernando del Rey insiste en que durante los años 30 las retóricas violentas y las políticas de exclusión eran comunes a derecha e izquierda simplemente constata un hecho histórico innegable durante el período de entreguerras. Cuando Julis Ruiz demuestra que en Paracuellos del Jarama las autoridades republicanas madrileñas ordenaron ejecutar sin juicio previo a 2500 presos derechistas en un mes no está mintiendo sino reflejando exactamente lo que sucedió. Cuando Andrés Trapiello acaba con el espejismo de unos intelectuales españoles entregados en bloque a la causa republicana e indica el notable valor literario de ciertos escritores derechistas de nuevo está insistiendo en algo obvio pero que la hojarasca propagandística de la izquierda ocultó durante décadas. Y así podríamos seguir. Una cantidad inmensa de bobadas de la propaganda izquierdista hoy en día no se sostienen en absoluto por mucho que algunos las sigan repitiendo como aquellos inefables catecismos bolcheviques de la época stalinista.

  11. Según Emilio Castillejo poner en el mismo tema Segunda República y GC es un artero intento de considerar a la primera como causa de la segunda, lo que resulta una ofensa contra la sacrosanta MH izquierdista. En realidad, lo normal es colocar dentro de un mismo bloque la crisis central del siglo XX español: caída de la monarquía, primer experimento de una democracia de masas rápidamente frustrado, golpe de Estado y Guerra Civil. En 1965 el historiador liberal norteamericano Gabriel Jackson publicó su hoy clásico libro “La República Española y la Guerra Civil” considerando como un todo inseparable el período que va desde 1931 a 1939. La de Jackson fue una decisión muy acertada y hoy difícilmente discutible. Su libro fue prohibido por el franquismo. Y es que sin el derrumbe del tinglado oligárquico alfonsino y la irrupción en España de la política de masas no se entienden los vaivenes de la república y su final cruento como consecuencia de un golpe de Estado militar. Pero la república no se hundió sólo por el golpe. Es imposible que un sistema democrático se consolide si no existe una cultura política de aceptación del adversario y de transferencia pacífica del poder fruto de un proceso electoral regular y reconocido por todos los actores políticos. Sin demócratas no hay democracia posible. Nada de esto existía en la España de los años 30. Con razón decía Tusell que la república fue una democracia poco democrática; lo que vino luego fue naturalmente muchísimo peor. Al final, la polarización social consecuencia de un deseo de imponer proyectos revolucionarios o contrarrevolucionarios incompatibles entre sí acabó por cuajar en un ambiente de GC que se desató tras el golpe de julio de 1936. Es impresionante leer discursos de políticos de la etapa republicana: con toda tranquilidad e inconsciencia hablan de Guerra Civil; la posibilidad e incluso el deseo de una GC era una realidad en el espíritu de quienes precisamente deberían haber intentado evitarla por todos los medios. La chispa la arrojaron los militares sublevados, indiscutiblemente, pero la yesca fue acarreada por derechas e izquierdas. Cualquier profesor intelectualmente decente debe explicar este proceso de radicalización acumulativa que condujo a la GC de manera sencilla y neutral, sin pretender que la culpa “de todo” lo tuvo únicamente la izquierda o únicamente la derecha. Y así en cualquier período histórico.

  12. Una de las razones por las que la historia no es una ciencia en sentido estricto es que la historia la cuentan los vencedores, y el pasado suele colarse fácilmente por las fisuras de la memoria y las manipulaciones documentales como la arena entre los dedos.
    Los dictadores de la novela de George Orwell 1984 se aprovechaban de estos impedimentos de la fidelidad histórica para revisarla a su conveniencia. Una de sus frases memorables era “Oceanía siempre ha estado en guerra con Eurasia”, cuando en realidad no era así.
    La historia adolece de este defecto y es tan fácilmente manipulable porque nuestros cerebros no son buenos recordando hechos pretéritos. Los recuerdos se revisan continuamente dentro de nuestro cráneo, como si miles de dictadores de 1984 estuvieran allí instalados.

    • En resumidas cuentas, desechamos lo que nos estorba y nos quedamos o creamos lo que nos beneficia. “La historia la escriben los vencedores”, esa sencilla frase resume la realidad, quien tiene el poder tiene el control. Si Hitler hubiera vencido la guerra y fuera el dueño del mundo no existiría el holocausto, lo hubiera borrado de la historia. Por suerte no fue así.

    • La historia ha sido siempre manipulada por las exigencias nacionalistas, los historiadores no tienen más remedio que obedecer a la ideología presente en su época, para deformar los acontecimientos. Lógicamente la opinión de los perdedores no cuenta.

  13. A ver. La historia no es transcribir lo que dicen los testigos del momento, o sus sensaciones. “Documento es monumento” decía Jacques Le Goff, es decir que para todo documento que pueda ser analizado (un texto, una escultura, un utensilio, etc) debe tenerse en cuenta el contexto y la intencionalidad con que fue realizado. Para hacer todo esto se necesita un método, un método que permita la comprobación y resultados que puedan ser refutados, al igual que en toda la ciencia.
    La controversia de la disciplina histórica pasa en realidad por discutir, más que cuestiones de la memoria, si en realidad el discurso que se utiliza es literatura o es ciencia o es ambas. Es un problema que plantearon varios autores, sobre todo Hayden White, al decir que la narrativa (la parte de la investigación que deviene en escritura de los resultados) no es neutral y que tiene implicaciones ideológicas. Creo que estas cuestiones también aparecen en el campo de las “ciencias duras” cuando se financian determinado tipo de investigaciones que serán útiles al mercado en detrimento de otras, supuestamente menos importantes. No hay campo científico exento de ideología.
    Quien se ocupa justamente de regular estas cuestiones es este mismo campo científico, que ejerce una especie de control sobre la producción del conocimiento, aunque esto, por supuesto, no es algo perfecto y en él se dan diversas luchas por el capital simbólico que constantemente (re)configuran las nociones y las representaciones.

  14. La historia es la ciencia que estudiamos para descubrir el pasado de la humanidad y gracias a ella podemos descubrir los errores y los logros que cometieron las personas del pasado para luego reflexionar. Con ello, darnos cuenta cuántos años de evolución y descubrimientos desde el primer ser hasta la actualidad. Es cierto que puede ser manipulable por ciertas personas con el fin de ocultar otros hechos por el motivo que sea. Estoy de acuerdo que mucha gente se olvidan de algunos recuerdos, pero si los vemos desde otro punto de vista, esos recuerdos olvidados pueden llegar a ser “una segunda oportunidad” para otros y aprovecharse de ello para lo bueno y lo malo.
    Pondría como ejemplo la caída de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki. Para Japón la caída de la bomba supuso su rendición inmediata frente a EE.UU y eso llevó al desastre con miles de muertos. En la actualidad, los japoneses siguen recordando ese hecho y a su vez se olvidan de ello. ¿Qué pasaría si Japón solo recordase ese desastre sin el olvido? Nada bueno. Por otro lado, miremos Corea del Norte con su pasada guerra con el Sur y se nota que no lo olvidan. ¿Por qué? porque aún lo siguen recordando y no lo olvidan.

  15. Recordar es seleccionar: se recuerdan unas cosas porque se olvidan otras consciente o inconscientemente. Así que la reconstrucción histórica es siempre parcial, relativa, sometida al imperio del presente y a los mil condicionamientos del historiador, por profesional y objetivo que pretenda ser. Un proverbio árabe dice que los hombres son más hijos de su tiempo que de sus padres. Es una gran verdad. Cada generación reconstruye el pasado desde su perspectiva condicionada y limitada y con materiales del presente. El estudio del pasado lo que refleja ante todo son las preocupaciones del presente. El pasado en cuanto tal no existe; se revive con reliquias a las que da vida una imaginación presentista que puede terminar peligrosamente en el anacronismo o en el kitsch. Por eso algunos postmodernos acercan la historia a la novela: la historia no es otra cosa que un relato verosímil y bien contado y es dudosa la pretensión científica de la historiografía. Este relativismo tiene sólidas razones, pero llevado al extremo acaba por declarar superfluo cualquier esfuerzo cognoscitivo al ser expresión subjetiva de unos prejuicios inevitables. Si no se puede conocer de un modo fidedigno o el conocimiento es un invento vale más no saber nada. En realidad, nunca sabremos realmente cómo pensaba un romano, aunque podamos inferir cómo pensaban algunos romanos a partir de ciertos testimonios literarios, jurídicos etc que se han conservado. En sociedades del pasado ágrafas o analfabetas, por ejemplo, es casi imposible conocer cuál era la mentalidad colectiva, las creencias del común porque no existen fuentes. Conocemos las formas de vida y creencias de los de arriba, que han dejado fuentes escritas, restos materiales etc; del resto no se sabe casi nada directamente. La inmensa mayoría de la humanidad no tiene historia.

  16. El Gobierno dice que hizo comisario a Marhuenda porque La Razón “transmite y divulga” el trabajo de la Policía. El equipo de Zoido redactó un borrador para eliminar la figura del comisario honorario, pero el proyecto se ha paralizado entre protestas de homenajeados. Interior sigue negándose a desvelar la identidad de tres de los siete comisarios honorarios distinguidos por Fernández Díaz .

    • Una vez introducida la respuesta del gobierno en el traductor de eufemismos, falacias y mentiras varias a lenguaje llano y claro, queda tal que así: “teníamos que recompensar al muchacho de alguna manera (*) por su tenaz labor propagandística a nuestro favor y, sobre todo, por su servil dedicación a nuestros intereses (la verdad, de tan rastrero hasta a nosotros nos da un poco de repelús)”
      (* aparte, claro de los sustanciosos pagos hechos a La Razón por publicidad institucional, totalmente desproporcionados a su tirada).

      • -Hay algo positivo en el nombramiento. a los ciudadanos bienintencionados siempre nos queda el prurito de no cargar contra alguien y concederle el beneficio de la duda.
        Al retratarse ellos mismos y señalarse (condecorarse), nos ahorran el trabajo de considerar su “dudosa” reputación: de dudosa nada, queda más clara que el agua.
        -en los años 50’s hubo una famosa película que la censura franquista hizo aún más famosa: MOGAMBO. A los censores les pareció intolerable que una señora casada durmiera en la misma tienda de campaña con un señor que NO era su marido (adulterio), así pues, lo “arreglaron” convirtiéndolo en su hermano (incesto).
        La contestación del ministerio de interior no tiene desperdicio: o sea, que marjuenda “divulgaba” el trabajo de los agentes de policía?… ¿Es que le pasaban información privilegiada que a otros periodistas no?
        Si no lo aclaran va a ser aquello del remedio pero que la enfermedad…

    • Qué se puede decir de F. Marhuenda salvo que demuestra ser un desclasado y miserable medrador. Vive como Dios ejerciendo de periodista mercenario de la enorme cuadra de ellos que tiene el PP. Nos toca las pelotas con sus pavadas y boludeces a los televidentes, presentadores y conductores de programas de TV. Se humilla con los prebostes que le regalan prebendas y nos jode la vida a los televidentes, o sea: Que aparte de ser un coñazo es freudianamente un sádico. Fernández Díaz lo nombró comisario de policía honorario (ver para creer). Visto lo capillita que es Zoido, a lo peor le nombra a Marhuenda Camarera de la Virgen de alguna Hermandad.

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