¿Se salvará Europa y/o los países?

Día tras día asistimos al desmoronamiento del proyecto europeísta que nació en 1957 con la creación del Mercado Común integrado por Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. La España de Franco no solicitó su adhesión hasta 1962 y tardó casi 25 años en conseguirla.  Los momentos de tensión siempre han provocado un debilitamiento del proyecto y el fraccionamiento de los países integrados. Es lo que está pasando ahora, inmersos en la mayor crisis económica desde la Gran Depresión del 29. Lo que pretendo mostrar es el carácter utópico de esos “Estados Unidos de Europa” que tanto se han pregonado, porque ignora las profundísimas diferencias culturales y económicas que se dan entre los distintos países, e incluso entre las diversas regiones de cada país.

El dilema se planteó muy pronto en el Mercado Común al presentarse dos caminos alternativos y enfrentados entre sí, para avanzar en la vía política. En mayo de 1959 el Consejo comunitario decidió acelerar el proceso de instauración del mercado único, auténtico golpe de efecto que convenció a los escépticos respecto al futuro del Mercado Común. Pero al intentar poner las bases del edificio político, apareció la brecha entre el planteamiento federal (Benelux, Italia) y el confederal (Francia). Los federalistas querían en efecto construir una auténtica y radical unión política, con plena cesión de soberanía por parte de los países. El segundo modelo de unión, conocido como la “Europa de las Patrias” es el que De Gaulle plantearía a Adenauer en julio de 1960. Se basaba en la preponderancia de los Estados (Consejo de Ministros) sobre las instituciones comunitarias (Comisión Ejecutiva), y en el abandono del papel tutelar de los Estados Unidos (todo ello en pleno proceso de integración norteamericana enla OECE). La solución adoptada afectaría al fundamento de la Comunidad porque la elección entre un modelo u otro tendría implicaciones cruciales: una simple unión aduanera o la plena integración política. La actitud francesa suponía un grave impedimento para la construcción europeísta, como lo fuera en su momento la de Mendès France. La reacción en Europa a este movimiento francés fue crítica: la prensa alemana destacó la escasa coincidencia con el modelo francés de integración. Sigue leyendo

El rapto de Europa

El 9 de febrero de 2012 se cumplen los 50 años de la solicitud de España para su ingreso en el entonces Mercado Común, luego Unión Europea.

El rapto de Europa

Franco venía practicando una política de cauteloso acercamiento en el terreno comercial, y en 1962 se decidió a dar el paso hacia una unión política. La iniciativa del último gobierno fascista que había en el mundo dejó indiferentes a las autoridades comunitarias, que se limitaron a dar un cauteloso acuse de recibo que no comprometía a nada. Pero el mensaje era inequívoco: nunca entraría España en la CEE mientras viviera Franco. Y así fue: hubo que esperar más de 30 años antes de ver hecha realidad la pretensión de nuestro país. Ni hecho a propósito se pudo haber elegido un peor momento para dar ese paso.

A comienzos de 1962 confluyeron varios factores para forzar la decisión española hacia la integración. En primer lugar, un grupo de países europeos había pedido la apertura de conversaciones con la Comunidad, con el consiguiente peligro para España de aislamiento comercial y político. Por otra parte, era inminente la firma del gran acuerdo agrícola. Funcionarios españoles viajaron a París para sondear el efecto que podría tener una solicitud por parte de España. Cumpliendo el calendario establecido en el Tratado, el 14 de enero se firmó el acuerdo de la política agrícola comunitaria (PAC): suponía el inicio de la segunda etapa del desarrollo comunitario con graves implicaciones económicas (entrada en vigor dela TEC, reducciones arancelarias) y políticas (cambio del principio de unanimidad al de mayoría cualificada para algunas decisiones). Ullastres reconoció que una rebaja de los aranceles comunitarios a los productos españoles permitiría posponer la solicitud, pero el acuerdo agrícola sí la hacía acuciante, porque España ya no dependía de sí misma: ‘esta conveniencia nos la están marcando ahora desde fuera’. No sólo en lo comercial ya que el 15 de enero se presentó el famoso Informe Birkelbach. En él se venía a decir que España no estaba en condiciones de cumplir las pautas políticas del Tratado de Roma.

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El Estado y la crisis

El franquismo tuvo sus crisis (la de posguerra, 1959-60, 1973) y nos legó un modelo de crecimiento dependiente del turismo, las remesas de los emigrantes y las multinacionales que se instalaron al calor de salarios bajos. Pero nada es comparable a lo que está pasando ahora, sobre todo porque los que de verdad mandan en el mundo (el gran capital) han conseguido difundir una imagen del todo falsa sobre la causa y las soluciones de la crisis actual. Mucho recorte y reducción del Estado, para ocultar lo que es un saqueo bien organizado a los ciudadanos de a pie. Espero que estas líneas abran los ojos de más de uno

A finales del año 2008 el Estado era la solución. Ahora parece ser el problema. Entonces hasta los neoliberales más extremos exigieron la intervención de los bancos centrales y los gobiernos para salvar al sistema financiero mundial. Los bancos centrales emitieron enormes cantidades de nuevo dinero para comprar los activos-basura que había generado la especulación financiero-inmobiliaria. En Europa, el Banco Central Europeo entregó 5 billones de euros de nueva emisión (1 billón europeo = 1 millón de millones) a cambio de los activos-basura carentes de valor que tenían los grandes bancos europeos (es decir: regaló 5 billones de euros a la banca europea). A partir de ese momento, una vez socializadas las pérdidas de la burbuja financiera, los gobiernos se centraron en hacer frente a la crisis económica.

Los libros de Economía han suministrado siempre una gama de políticas posibles para una situación de crisis económica, con caída de la demanda efectiva, desempleo de recursos y capacidad productiva excedentaria. Todas estas políticas podrían agruparse en dos grandes bloques: las que incentivan la demanda privada y las que crean directamente demanda pública.

Los mismos manuales indican que, ante una crisis importante, los incentivos al gasto privado suelen ser de poca utilidad debido a las malas expectativas y al aumento del ahorro como consecuencia de la incertidumbre y el miedo.
En consecuencia, los gobiernos acometieron ambiciosos programas de gasto público, además de atender al coste de los estabilizadores automáticos (seguro de desempleo…) para sostener la economía y evitar una depresión profunda.

Hasta aquí todo es keynesianismo de manual. ¿Qué ha pasado desde entonces para llegar a la situación actual, en la cual las dificultades financieras de los estados parecen ser el principal problema de la economía?. Repasemos los factores que han intervenido en este caso.

1.- ¿Qué estados han enfrentado la crisis?

Los modelos macroeconómicos han supuesto siempre que el Estado es un organismo poderoso, con variedad de recursos a su disposición y con autonomía suficiente para conseguir nuevos recursos en caso de necesidad. Pero la crisis actual ha revelado que en las economías desarrolladas esto ya no es así. Treinta años de neoliberalismo, con sucesivas rebajas de impuestos, liquidación de la propiedad pública y externalización de los servicios públicos, han colocado al Estado en una situación cada vez más marginal dentro la actividad económica. Los estados que han enfrentado la crisis carecían, en muchos casos, de empresas públicas y sus ingresos fiscales eran insuficientes para acometer programas de inversión ambiciosos. El modelo fiscal del neoliberalismo ha demostrado ser absolutamente procíclico, con rebajas continuas de impuestos durante la parte expansiva del ciclo. Y cuando ha estallado la crisis se ha rechazado cualquier aumento de la presión fiscal con el argumento de sus posibles efectos contractivos sobre la demanda. Sigue leyendo

El caso Grimau

J. Grimau

El ambiente se enrareció a medida que se acercaba el 18 de abril de 1963, fecha fijada para el juicio de Julián Grimau. Detenido en noviembre anterior, fue militante comunista durante la guerra civil, miembro de la Brigada de Investigación Criminal, en Barcelona, instalada en la plaza Berenguer el Grande, acusado por torturas y muertes en una checa. Los días 3/4 de marzo se produjeron una serie de acciones que respondían ‘a una campaña sistemática y bien sincronizada’ (ABC, 5.3): explosión de bombas en aviones de Iberia y en locales del CSIC en Roma, avisos de explosiones a aeropuertos europeos. Bien claro lo decía el cartel que dejaron los autores en las oficinas de Iberia en Estocolmo: “No al turismo en España”. Era una campaña contra la principal fuente de riqueza del país.

El proceso y sentencia contra Grimau produjo gran conmoción en la izquierda francesa en cuyos círculos era una personalidad conocida. La prensa europea pedía la amnistía. El embajador francés en Madrid visitó a Castiella con el fin de parar la ejecución. Hubo manifestaciones en toda Europa, mensajes intercediendo por él a cargo de Juan XXIII, N. Kruschev y la reina Isabel II[1]. El Papa había publicado el 11 de abril su encíclica Pacem in Terris, que orienta el pensamiento político en sentido democrático, exigiendo el respeto de los derechos humanos fundamentales y de las libertades públicas a través de su institucionalización en un auténtico Estado de Derecho. Poco se impresionaron las autoridades franquistas ante tan sacro documento y fusilaron a Grimau nueve días más tarde, el 20 de abril. Giscard amenazó con marcharse de inmediato de Madrid y solo a duras penas se consiguió mantener el plan previsto[2]. El hecho fue saludado por Le Monde (20.4) con un significativo “Morir en Madrid”, duros editoriales de Le Figaro y Daily Telegraph (22.4)[3], protestas ante nuestras embajadas (París, Roma, Ginebra). Las agencias de viajes de Copenhague que anunciaban viajes a España fueron objeto de destrozos. Uruguay declaró persona no grata a nuestro embajador (3.5). La película “Morir en Madrid” y las declaraciones de Ángela Grimau en la TV francesa reavivaron la protesta[4]. Sigue leyendo

Lo último sobre el franquismo

Franco a caballo

Para facilitar el acceso a las últimas investigaciones sobre el franquismo incluyo las comunicaciones del congreso que sobre ese tema tuvo lugar en Santiago de Compostela (XI/10). Yo también presenté una ponencia. Están ordenadas en siete temas:

I. Dinámicas políticas durante el franquismo

II: el mundo del trabajo

Una Europa para dos Españas

De Gaulle

De Gaulle

El problema de España era político y ninguna opinión favorable o no a la integración en la CEE lograba disimular su fundamental carga política. Se toman posiciones a favor o en contra según la posición política en la que se milite. Cuantos deseaban para España un régimen político distinto estaban a favor de la integración, sobre todo por el resultado político que dicha integración podría tener de fronteras adentro.

Dentro del gobierno de Franco las posturas eran variadas pero todas chocan con el muro político. Así, un europeísta como el ministro de Comercio, Alberto Ullastres, se veía obligado a decir en las Cortes (21/XII/62) cosas tan contradictorias como estas: ‘A largo plazo, la integración en Europa es inevitable’, y ‘No lo consideramos vital, pero nos interesa’. Como el galimatías es difícil de entender, sobre todo cuando no se puede aludir claramente a los problemas, Ullastres se vio obligado a explicar estas contradicciones con un argumento de escasa solidez: ‘Hemos montado una política económica que nos ha de servir igual para la integración que para quedarnos fuera de ella. Naturalmente que deseamos integrarnos, porque si no, no lo habríamo solicitado con unas palabras tan claras: negociaciones para una asociación con vistas a una eventual adhesión. No somos integracionistas a ultranza ni hemos hecho la solicitud de integración en condiciones que no estamos pensando en cumplir’. Estas piruetas verbales en que se consiste la política del régimen se aclaran cuando el ministro habla después de presentar la postura española ‘poco a poco’ y ‘a medida que las circunstancias nos van dando elementos nuevos’. Tan poco a poco, y menos, como sea posible.

Esa es la posición del régimen que, expresada de forma más ruda, la hacían los pensadores de andar por casa de la Falange madrileña, ante las centurias de la Guardia de Franco: ‘Ingresaremos cuando la CEE se trague al régimen y no antes’. Lo que han hecho ha sido repetir la consigna: ‘Europa viene hacia nosotros, adopta nuestro régimen, reconoce que teníamos razón. Ahí está De Gaulle, con sus presidencialismo, enciando ministros y generales a Madrid’. Visto de una forma u otra, la asociación y posterior adhesión serviría para potenciar políticamente y autorizar al régimen en el mundo internacional. Lo demás, el ingreso en la OTAN por ejemplo, sería coser y cantar. La difícil tarea que tenía entre manos la diplomacia de Castiella era intentar que el régimen apareciera de fronteras afuera como lo que no era de fronteras adentro. Sigue leyendo

Franco acoge a exiliados nazis: el caso Leon Degrelle

Leon Degrelle

Franco acogió en España a muchos nazis que huían de los Aliados. El caso más notorio fue León Degrelle, jefe del partido pro-nazi belga REX. Fue juzgado y condenado por los aliados al acabar la II Guerra Mundial.

Cuando los alemanes vieron perdida la guerra, muerto Hitler, Ribbentrop insistió a Degrelle, que había logrado llegar a Oslo, para que se pusiese a salvo. Con cuatro oficiales se apropió del avión del ministro de la guerra, Speer, y realizó un vuelo nocturno y heroico que terminó en la misma arena de la playa de la Concha, en San Sebastián, cuando el aparato -un Heinkel bimotor- se quedó sin combustible. «Volábamos sin luces huyendo del fuego antiaéreo francés. Cuando divisábamos Irún, a sólo unos minutos de aviación, vimos la muerte segura. Yo conocía aquella zona porque de pequeño había veraneado en Lourdes con mis padres algunos años y en dos ocasiones visitamos Guipúzcoa. Pero faltaban algunos minutos y el avión ya no tenía combustible. Aterrizar en suelo francés significaba la guerra. Así que el piloto, para demostrar su pericia, puso el avión vertical, aprovechó las últimas gotas y llegamos hasta San Sebastián. La Vírgen de Lourdes me salvaba en el último momento».

Se estrellaron contra la misma playa y Degrelle resultó gravemente herido. Estuvo dieciocho meses en el Hospital Mola, de San Sebastián. «Mis heridas me salvaron en realidad, porque Franco quiso devolverme a Alemania. Ví las cosas tan mal que un día le escribí una carta en la que le decía: «Qué poco vale para usted la sangre de un cristiano». Se indignó Franco y le mandó a Serrano Suñer, pero la cosa acabó en que cuando pudo echar a andar le prepararon una fuga falsa. Se publicó en toda la Prensa occidental, para tranquilidad de los aliados que pedían su cabeza. Oficialmente había desaparecido. Entre Martín Artajo, el conde de Mayalde y Narciso Perales prepararon su fuga.

Llegó a Madrid y vivió escondido en casa de un matrimonio de jubilados durante un año y medio. En esa época, Degrelle se enteró por Informaciones de la muerte de su padre y de su madre. Tuvo tal crisis que la cicatriz de una de las operaciones se le abrió de arriba a abajo, desde el cuello al vientre. Tuvo hemorragias constantes durante meses. Perdió 32 kilogramos de peso y tuvo consciencia de que se moría. «Así que decidí cambiar de mundo viendo algo agradable y me fui a Málaga, a la Carihuela. Entonces era un pequeño puerto de pescadores. Al cabo de un tiempo me reconoció un alemán que vivía allí y me internaron en un hospital, donde me operaron y me salvaron la vida».

A través del cónsul de Alemania en Málaga, Johan Hoffinan, llegó hasta José Antonio Girón. Fue la persona que le ayudó a seguir huido. El ministro franquista le buscó un lugar tranquilo. Una finca enorme de unos industriales castellanos en una zona próxima al pueblo sevillano de Constantina. «Iba con frecuencia al pueblo y pasaba siempre delante de una tienda regentada por una anciana a la que con el tiempo llegué a conocer muy bien: Matilde Ramírez Reina. Al poco tiempo ella me adoptó. Los tribunales belgas me habían privado de todos los derechos y me ha bían equiparado a un menor. El juzgado de Cazalla de la Sierra tuvo esto en cuenta y aprobó mi adopción. A mis 53 años. Soy hijo de aquella buena mujer, aunque para entonces mis seis hijos habían empezado a darme los primeros doce nietos». León Degrelle pasó a convertir se a los ojos de la justicia española en León Ramírez Reina, español de Constantina, donde llegó a tener una calle. Sigue leyendo

Autorretrato del franquismo (by Franco)

Hace ahora 50 años, a principios de 1961, el gobierno español estaba tanteando la posibilidad de una entrada honrosa en el recientemente creado Mercado Común. La puerta pareció entreabrirse cuando De Gaulle presentó su proyecto de una «Europa de las Patrias» que dejaba las decisiones fundamentales en manos de los gobiernos miembros.

Escudo franquista

Escudo franquista

Esta idea de una Europa rebajada, casi exclusivamente económica, chocaba con las pretensiones de supranacionalidad  de países como Alemania o el Benelux. En febrero de 1961 nació la Comisión Fouchet con el objetivo de abrir las posibilidades políticas de la Comunidad, una vez que las metas económicas de conseguir la unión aduanera se estaban alcanzando con éxito. El enfoque interesaba enormemente en nuestro país porque permitiría estrechar los lazos comerciales con Europa, sin tener que realizar reformas políticas. Ciertos sectores del régimen compartían la repugnancia francesa ante una eventual cesión de soberanía a órganos supranacionales, lo que supondría una intromisión inaceptable en los fundamentos institucionales del régimen. Como dijeron diplomáticos franquistas: «En la Europa de las patrias que De Gaulle preconiza, España tiene indudablemente su puesto».

El propio Franco aprovechó estas peleas de familia entre los estados miembros del Mercado Común para explayarse sobre sobre su relación con los regímenes fascistas que no habrían fracasado por oposición del pueblo a su doctrina, sino simplemente porque perdieron la guerra. «De no ser así, hoy seguirían estos países con su régimen», lo que parecía agradar al Caudillo. La historia la escriben los vencedores. De haber ganado, los crímenes contra los judíos habrían sido olvidados, como lo fueron las matanzas de Katyn por parte de una Rusia vencedora. Él nunca pensó en imitar a los regímenes alemán e italiano, sino dejar al pueblo que eligiera sus representantes en sindicatos y ayuntamientos. «Somos una democracia orgánica donde se garantiza la libertad para emitir el voto. No se coacciona a nadie en las elecciones» ¿Amnesia voluntaria o desconexión con la realidad de su país? Parecía estar hablando de una democracia liberal cuando alaba la libertad de elección en corporaciones locales y colegios profesionales, la independencia del poder judicial, la capacidad de los procuradores para discrepar. Las leyes laborales vigentes en España «son las más adelantadas del mundo en beneficio de los productores». El resumen es antológico: «En España la garantía que tienen todos los españoles ante el abuso del poder público es absoluta, superando siempre a la que había en los gobiernos liberales». Así es como se veía el régimen a sí mismo. Un país en el que no se respetaban los derechos humanos elementales (de culto, de reunión, de partidos, de expresión y publicación), se presentaba como el paradigma de la libertad. Como es obvio, esto no engañaba a nadie: el embajador francés en Madrid lo consideraba una actitud de fachada y, lo que dolía mucho más a Franco, el Vaticano no cejaba en su censura de un régimen que no permitía el culto de unos millares de protestantes

“Una Europa para dos Españas”

El franquismo sigue vivo en el pensar y actuar de muchas personas. Franco no es un simple personaje del pasado. Pretendo en el libro mostrar las raíces y las evoluciones posteriores del régimen franquista. También, ahora que el sueño de la unidad europea parece romperse, seguro que «Una Europa para dos Españas» aporta muchas claves de por qué el proyecto político está estancado y el económico haciendo agua