Historia y manipulación

Tengo en mi mano el  nuevo programa de la asignatura Historia de España (2º Bachillerato), que será preceptivo para el curso 2017-2018 en todos los institutos y colegios de varias comunidades. Leyendo sus contenidos, acude a mi mente que el conocimiento nunca puede ser absoluto, pues cualquier modelo teórico no es copia del mundo, sino una representación de nuestro campo de acción, que es de por sí limitado; que nunca puede ser neutral, porque  todo conocimiento tiene un significado emocional; en el campo concreto de la historia,  siempre influye en el historiador su proyecto social. Michel Foucault definió la historia como un discurso histórico-político.

Si el conocimiento no es absoluto ni neutral, los historiadores, autores de manuales,  diseñadores y mediadores del currículo tienen la posibilidad de elegir. Pueden optar por ordenar los hechos en una secuencia que legitime el presente, o por poner el presente en situación crítica; pueden inclinarse por una historia hegemónica, la «historia del poder», o por una historia contrahegemónica, la «historia de la gente», que refleje los problemas de la mayoría; pueden excluir la memoria, con la consiguiente deshumanización de la historia, o incluirla, tomando – o no- precauciones con  los «malos usos» de la misma; pueden recrearse en el narcisismo  del grupo (nacionalismo, xenofobia, eurocentrismo…), o buscar la  mirada del otro: «El miedo a los bárbaros [al extranjero, al diferente], dice el historiador Tzvetan Todorov, es lo que amenaza con convertirnos en bárbaros», que son, en esta segunda acepción, los que no reconocen la humanidad de los demás. Quiero extraer de todo esto una conclusión  obvia: la elección que haga el historiador, el  diseñador del currículo, el editor…, por ser libre, tiene forzosamente implicaciones éticas.

¿Por qué esa elección del programa de Historia de España para los alumnos de 2º de Bachillerato? Programa que es una secuenciación de la historia de España que legitima el presente, una narración que termina con el enunciado «Normalización democrática de España e integración en Europa», que incluye la Transición y la integración en Europa, como si se tratara de un final de la historia. Basta tirar de la RAE para entender que la Transición inaugura un sistema que pone orden donde no lo había. Conozco muy bien la tendencia de programas y manuales de la época de Isabel II, de la Restauración, de la II República, del franquismo… a considerar esos regímenes  como definitivos. Que siempre se han equivocado es un aserto que no necesita  demostración. A pesar de ello, nuestro autor prefiere  instalar a los alumnos en la confusión,  en lugar de hacerles conscientes de estar en el vendaval de la historia.

El programa apuesta claramente por la historia del poder, no por la historia de la gente, de la mayoría. Los que marcan el devenir del tiempo son los reinos y reyes. Preocupa la estructura del Estado (Provincias romanas, Corona de Aragón, Cortes), los hechos militares (Navas de Tolosa, Guerra de Sucesión), las paces y tratados (Pirineos, Utrecht)…, pero nunca se ve una preocupación por los que detentan el poder en cada momento histórico, ni por los marginados del mismo. Es sintomático que se exija a los alumnos conocer el concepto «reconquista» (la acción militar que determina la posesión del territorio), y se olvide el concepto «repoblación», clave en el origen de estructuras socioeconómicas duraderas, como los usos y propiedad de la tierra, la permanencia o no de minorías étnicas… Se me podrá rebatir que, a propósito de las desamortizaciones, puede tratarse la posesión de la tierra en el feudalismo y el Antiguo Régimen. Respondo a mi vez: entonces, ¿para qué están los temas anteriores a la Edad Contemporánea? Se exige conocer la industrialización, el anarquismo y el socialismo, pero, al parecer,  la  condición de las clases campesinas y obreras carece de interés.

Ninguna preocupación por la memoria. La desaparición del punto relativo a la represión franquista, que sí está en el programa actual, es sintomática. Si a la vez siguen unidas en un mismo tema la II República «y» la Guerra Civil, implícitamente se ve la segunda como una consecuencia directa de la primera, cuando la causa de la guerra no fue la República, sino un golpe de Estado. Nos enteramos gracias a este programa de que el contacto entre dos mundos, resultado de la «expansión mundial» de la Monarquía Hispánica  (demasiado triunfalista, ¿no?) fue un «descubrimiento»: tenía mucha razón Reyes Mate cuando afirmaba que hay muy poca memoria en la historia que nos han enseñado de la conquista (palabra que no aparece en el programa) de América, mientras esa memoria llena los relatos de los indígenas.  Si a eso añadimos que la expulsión de los judíos y de los moriscos, al margen de cualquier drama humano, sólo interesan  por sus consecuencias económicas (desde los planes del periodo tecnocrático franquista desaparece la justificación de  su expulsión por razones religiosas), averiguaremos la conciencia que se crea en nuestros alumnos sobre los perdedores de la historia.

Por el contrario,  el programa desprende un tufo nacionalista español que se observa en el uso de términos absolutamente inapropiados («España de los cinco reinos»), la recuperación del mito de raigambre liberal sobre las «tres culturas» peninsulares de la Edad Media,  que contribuye a dar una imagen armoniosa que nada tiene que ver con la realidad (guerras, antisemitismo, pogromos). El triunfalismo («expansión universal» de la Monarquía Hispánica), corre paralelo a la exclusión del otro indio, morisco, judío, perdedores de una guerra civil…  La referencia a la «conquista» de Navarra (la programación anterior sólo hablaba de «anexión»), podrá aliviar la conciencia de otros nacionalismos, pero no la de la historiografía profesional: los programas nunca abren la reflexión sobre el concepto «nación» o «identidad», en torno a los cuales se generan en nuestra sociedad  tantos equívocos.

A todo esto hay que añadir que en la nueva Prueba de Acceso se elimina la parte práctica (comentario de texto o gráfica), quedando reducida a la exposición de conceptos y preguntas teóricas. La asignatura pierde así todo su carácter formativo para reforzar lo memorístico. Se me dirá que el profesor es soberano en su clase, que podrá seguir comentando textos, gráficas, imágenes, que podrá seguir haciendo reflexionar a sus alumnos sobre conceptos, categorías, palabras, prejuicios y mitos, incluidos los del programa, que podrá seguir dando a la asignatura todo el carácter formativo de que sea capaz. Es  cierto. Pero también es cierto que los profesores de la asignatura deberán hacer todo esto al margen del programa. La reflexión, las técnicas de comentario,  la elaboración de mensajes propios…  han sido expulsados del sistema educativo y reducidos a sus márgenes. Los alumnos y los padres  quisquillosos, incluso los  profesores (al fin y al cabo, han sido profesores los que han diseñado el programa y votado el tipo de prueba), siempre se lo podrán echar en cara. Nuestro profesor tendrá que derrochar una buena dosis de energía, arrojo y valentía para dar a la asignatura el carácter formativo que cree que merece: este nuevo sistema ya no es el suyo, sino el de los años 40 ó 50 del pasado siglo.

Me reservo la valoración ética que me merece semejante disloque. Pero sí me gustaría encontrar un concepto para definirlo. Quizá nos sirva el de posmodernidad. La modernidad es un relato para cambiar el mundo. La posmodernidad es la ausencia de relato, la coexistencia de  relatos inocuos que no dialogan entre sí,  la espiral que sigue dando vueltas a problemas irresolubles. Tanta liquidez, tanta  indeterminación,  es la que  permite que se cuelen entre sus rendijas valores tan tradicionales y arcaicos como los contenidos en el programa que comento. Sólo queda seguir abrazados a la falsedad de una sociedad que parece tan satisfecha de sí misma. Sigue leyendo

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Europa, no sin España

Después de varios meses de trabajo por fin ha salido el tercer volumen de la saga sobre la incorporación de España a la Unión Europea. Se titula “Europa, no sin España (1968-1978)”, y lo publica la editorial EUNSA. europa-no-sin-espana-portada

La Unión Europea se encuentra en las horas más bajas de su historia, sumida en una verdadera crisis existencial como proyecto político, económico y social. Su situación actual pone en cuestión la relevancia de ese proyecto, señalando su rigidez y disfuncionalidad para hacer frente a las urgencias de la crisis y buscar acomodo en el sistema global. Otras voces ponen en duda su viabilidad, afirmando que ante la crisis económica y otras amenazas que sufre Europa -migraciones descontroladas, recortes fiscales o la creciente burocracia- sería mejor “ir solos”. En el norte de Europa, incluso desde posiciones moderadas se afirma que es mejor librarse del “lastre” que suponen los países del sur y la periferia de la UE, planteándose abiertamente la posibilidad de excluirlos de la eurozona. En el sur se afirma que es preciso zafarse de las exigencias de disciplina monetaria y fiscal que exige el euro, reclamando incluso el abandono de la moneda única para recuperar soberanía monetaria. Las reacciones nacionalistas y populistas a la crisis explican en parte que el “euroescepticismo” esté ganado espacios al europeísmo, extendiéndose desde los extremos hacia el centro del espectro político de la UE. Pero más allá del discurso y el debate político superficial, hay que reconocer que la UE experimenta una crisis profunda que afecta a su racionalidad, legitimidad, relevancia y viabilidad.cubierta

La explicación de estos problemas de 2017 se puede buscar, como hace el autor, en el modo en que se llevó a cabo el proceso de integración de los países periféricos como España en el núcleo central de la UE. Proceso en el que se obvió la natural diversidad de ritmos políticos, económicos y sociales de los países que acabaron formando esa entidad llamada Unión Europea. En este libro se aborda el caso de España en un momento crítico de su historia (1968-1978), los años previos y posteriores a la muerte de la última dictadura que pervivió en Occidente, la española.

Los dos tomos anteriores ya se publicaron en 2010 y 2014 respectivamente, con los títulos “Una Europa para dos Españas”, y “Europa, de entrada, no”. Espero que os gusten.

10 apuntes sobre la Revolución de Asturias

La revolución de Asturias en octubre de 1934 constituye uno de los acontecimientos que más tinta ha hecho correr. Para unos se trata de un ensayo de lo que sería el Frente Popular y el dominio socialista y comunista. Para otros fue un intento de reorientar una República, según algunos, había traicionado a los trabajadores. Los hechos escuetos son estos: la CEDA, partido antirrepublicano, retiró su confianza al gobierno radical y exigió participar en el mismo, forzando la entrada de tres ministros derechistas en el gabinete. Los obreros se alarman por la decisión y el 5 de octubre la CNT convoca una huelga general en todo el país. El seguimiento fue irregular pero en Asturias se trató de una auténtica insurrección coordinada entre las diferentes fuerzas de la izquierda asturiana. El final es bien conocido: la acción combinada de las fuerzas militares del general López Ochoa y los legionarios del coronel Yagüe forzaron la caída de Oviedo y las cuencas mineras, y poco después Gijón. La resistencia revolucionaria fue heroica, llegando, en ocasiones, a la lucha casa por casa, pero infructuosa debido a la enorme diferencia de efectivos y medios. El día 19 todo había terminado y comenzaba la dura represión que se extendió por el pueblo asturiano.Asturias

Los estudios sobre la revolución de 1934 son abundantes, así como la recogida de canciones, películas y testimonios orales de sus protagonistas. Entre las más recientes se encuentra la investigación de José I. Taibo II que crea una historia coral desde el punto de vista de los revolucionarios. Una historia que recupera la épica revolucionaria y que recoge las ilusiones de una clase obrera desencantada con el giro reaccionario de la República y que aún creía que el futuro era para ellos. Sin embargo, ¿era posible creer en un triunfo de la Revolución a nivel estatal o la Revolución se estaba lanzando al vacío hacia una muerte segura? Taibo analiza en diez circunstancias las posibilidades de éxito de una Revolución en el octubre de 1934 tratando de hacer un balance con los elementos con los que se contaba en aquellos días y no con la información actual. Su conclusión: “Todo es posible. Pero era difícil, muy difícil”.

1.- No hay vacío de poder. No existe una crisis revolucionaria en el sentido de que no hay un vacío de poder. No hay tampoco una profunda descomposición del Gobierno aunada a una incapacidad para mantener las riendas del Estado. Es más, se puede decir que el desgaste sufrido por la coalición de partidos de derecha no ha sido excesivo en un año de gobierno e incluso la coalición está ahora más unida que antes debido a los choques contra el movimiento obrero. Además, “el Gobierno no está aislado y tiene una base social real en amplios sectores de la clase media católica”.

2.- El aparato represor está casi intacto. La primera línea del aparato represivo-militar del Estado, la Guardia Civil-Guardia de Asalto, “se ha fogueado en su pequeña guerra civil cotidiana” contra los movimientos obreros, campesinos y mineros que se desarrollan en todo el Estado. “Se han aislado del pueblo creando un mar de odio como frontera”. El ejército, asimismo, no está influenciado por la propaganda revolucionaria. “Aún es pronto para que repercuta sobre los reclutas la experiencia represiva sufrida en sus pueblos y ciudades, por su padres y sus hermanos”. Además, insiste el autor, “puede que este Ejército sea endeble desde el punto de vista represivo, soldados indecisos, mandos mediocres; pero cuenta con la reserva de los oficiales y las fuerzas de África, los profesionales de la guerra”. Sigue leyendo

Europa, de entrada, no

La reciente publicación del libro Europa, de entrada, NO pone una vez más sobre el tapete la triste realidad de un régimen como el de Franco que pretendía ingresar en el Mercado Común Europeo, al tiempo que se negaba a reconocer en fechas tan tardías como los años 60, los derechos humanos elementales a sus ciudadanos: libertad religiosa, de expresión, de asociación, sindical, etc. Esta tensión entre lo que era el franquismo y lo que era el resto del mundo libre, explica en gran medida la penosa negociación para ingresar en el club europeo, que duró un cuarto de siglo (de 1962 a 1986). Europa, de entrada, no

En el libro analizo los años centrales (1963-1968) durante los que se ultimó el gran logro del franquismo en materia de política económica internacional, la firma del Acuerdo Preferencial de 1970 con el Mercado Común, acuerdo alabado por todos y que rigió nuestras relaciones con Europa hasta la incorporación definitiva en 1986. En un volumen anterior (Una Europa para dos Españas) abordaba los primeros pasos del proceso (1957-1963). Entre otros aspectos interesantes, explico unos sucesos muy pocos conocidos de la historia de España. Me refiero a los tres intentos de secuestro por parte de ETA que sufrió el representante de España ante la Europa de los Seis, Alberto Ullastres. El primero tuvo lugar en 1968 y el último en octubre de 1973, un mes antes del atentado a Carrero Blanco. Así que los comandos de ETA que preparaban ambos ataques lo hicieron en paralelo, aunque el de Ullastres se gestara desde París. También la negativa a permitir la entrada del Reino Unido acarreó dificultades a la solicitud.OTAN

Quizá para alguien que no ha vivido esos años resulte difícil distanciarse de la imagen de régimen benévolo y desarrollista que se ha difundido por autores revisionistas. Pero la realidad es mucho más dura que esa. Recientemente, Joaquim Bosch, portavoz de la asociación progresista Jueces para la Democracia,  explicaba la situación de las familias de las víctimas del franquismo recordando que España es el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos, detrás de Camboya. Sigue leyendo

10 estrategias de manipulación

El reciente debate (por llamarlo de alguna forma inteligible) sobre el “estado de la nación” ha confirmado lo que todos sabemos desde hace mucho tiempo: que se trata de juegos de salón, ajeno a la realidad de la sociedad, donde unos y otros escenifican unos papeles previamente establecidos ¿Y del estado real de la nación? Ni se sabe cuál es ni hay interés en averiguarlo. ¿Los 6 millones de parados, los jóvenes que emigran al extranjero, las familias que no llegan a final de mes, la liquidación del presupuesto en investigación, las listas de espera, la crisis económica que sigue ahí? Franco, al menos, no montaba estos paripé y se conformaba con que sus leyes fueran gloriosamente aclamadas en las Cortes.

Manipulacion

Como recogía la prensa, a Rajoy se le vio convencido de que sus votantes no están entre los afectados de la reforma laboral o entre los que se han visto abocados a ir a los comedores sociales. Nada se dijo de los graves problemas y las iniciativas legislativas que, con hábil táctica del rodillo, están siendo aprobadas en nuestro país. La resignación parece haberse instalado como guía práctica de conducta. Pensar y expresarlo públicamente es actividad peligrosa, insana para la mente y merecedora de una multa ejemplar. La táctica de adormecimiento de la sociedad es conocida, como apunta Noam Chomsky en “10 Estrategias de Manipulación”.

1. La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales”. Sigue leyendo

Tierno Galván: una historia inventada

Uno de los opositores al franquismo que goza de mejor cartel es, sin duda, Enrique Tierno Galván (1918-1986). Catedrático en Salamanca, europeísta, fundador del PSP que acabaría integrado en el PSOE, alcalde de Madrid (1979-1986), alentador de lo que se ha llamado la “movida madrileña”, hombre tremendamente popular y admirado.Tierno Galvan

Pero esta imagen del Viejo Profesor ha sufrido en los últimos años un notable descrédito tras demostrarse que Don Enrique se inventó una gran parte de su biografía: su infancia y juventud, su papel en la Guerra Civil y en la inmediata posguerra. Tierno Galván se fabricó una biografía heroica donde se presenta como voluntario del Socorro Rojo, y acompañante de Hemingway y Dos Passos en sus andanzas por los campos de batalla. Todo falso, como ha demostrado César Alonso de los Ríos en el libro  “La máscara de Tierno Galván” que recomiendo vivamente leer.  Me permito reproducir un resumen del cúmulo de falsedades que Tierno Galván se inventó para forjarse una biografía acorde con su papel de socialista y liberal.

Las primeras sospechas sobre la figura mítica de Enrique Tierno venían de unas largas entrevistas en las que me habían inquietado ciertos silencios y algunas contradicciones que yo quise achacar a reservas políticas. Pero fueron mis viajes a los lugares en los que, según él, había pasado su infancia y algunos periodos en la posguerra, cuando tuve las primeras pruebas de sus invenciones. En cuanto comencé a contrastar testimonios personales y a frecuentar archivos se me vino abajo el falso edificio construido por el Profesor: desde el hermoso escenario rural con casas labradoras a los pisos de mediana burguesía ilustrada, una vez trasterrada la familia a la capital. Más duro me resultó aceptar la verdad de Tierno en guerra. Se desplomaba la ficción del joven libertario que trabajó en el Socorro Rojo, que acompañó a Hemingway y a Dos Passos por los frentes de Madrid y que, con 20 años, trató a un desnortado Besteiro, a un derrumbado Azaña, a todos los jefes republicanos. Si las fantasías familiares podían haber tenido cierto interés literario, las invenciones de la guerra y la del imaginario campo de concentración eran de un oportunismo político muy duro de asimilar. El archivo de Alcalá no deja títere con cabeza del antifranquismo precoz del Profesor ni los hechos reales permiten la tesis de un Tierno Galván enfrentado a la dictadura nada menos que en una sesión solemne como es la inauguración de un curso en el Instituto de Estudios Políticos con la presencia de jerarcas y figuras como Moscardó y Pilar Primo de Rivera.

El primer documento oficial, relacionado con la vida del Profesor, fue el acta de nacimiento. En medio de tantas dudas fue un consuelo tener en la mano un dato cierto: la fecha del acta -8 de febrero de 1918- coincidía con la que aparecía en las biografías. No dejaba de ser curioso que el único dato cierto hubiera sido precisamente el que siempre se había puesto en duda en los propios medios tiernistas. La razón era el prematuro envejecimiento del Profesor. Cuando llegó a la cátedra de Salamanca con 35 años parecía que tenía 50. Por eso Raúl Morodo, el primero de sus colaboradores, lo llamó Viejo Profesor ¿Cómo fue posible que el Profesor pudiera ocultar su pasado? Hay dos razones: su carácter hermético unido a la distancia insalvable que había, en aquella época, entre catedrático y alumnos. En segundo lugar, el pasado era un tema tabú en la posguerra. Sigue leyendo

Franco y los judíos

La postura de las autoridades españolas y del propio Franco en relación con la llamada “cuestión judía” ha sido claramente establecida por los documentos oficiales: en conjunto, se adoptó una actitud antisemita, no hubo una política de protección de los judíos, salvo excepciones encomiables como la del embajador Sanz-Briz (“el Schlinder español”), y se cedió ante las peticiones expresas de las autoridades  alemanas de entregar judíos que acabaron en los campos de concentración.2

Hay un trabajo de Núñez Seixas que cuestiona si los españoles enrolados en la División Azul fueron encubridores o simples testigos de lo que se estaba haciendo con los judíos. Poco importó al gobierno español esta cuestión hasta que en 1945 saltó como el más poderoso resorte contra los colaboracionistas. El cambio de actitud fue inmediato y se encargaron una serie de trabajos para dar una impresión benévola del trato que se dio a los judíos. Uno de estos intentos es el que ahora presentamos.

El Espagne et las Juifs , editado por la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores español en 1949, es un opúsculo inédito del fondo del Archivo-Biblioteca del CEHI que han publicado Luciano Casali y Lola Harana. Este documento pone de relieve un aspecto significativo de la autorrepresentación del franquismo en un tema que fue central en la redefinición del régimen después de la Segunda Guerra Mundial y el fin de los fascismos. Dirigido a la opinión pública internacional, el texto es un ejemplo de la reinvención del papel jugado por el franquismo en el trato dado a la comunidad judía en los primeros años de la posguerra. El opúsculo nos permite evaluar los malabarismos y las manipulaciones que el franquismo puso en marcha con la creación del mito de la protección de los judíos, en un contexto histórico internacional que exigía unos determinados gestos para aceptar un régimen político instaurado por medio de un golpe militar y aliado hasta última hora de los regímenes de Alemania e Italia.

Muchas consideraciones han sugerido la oportunidad de volver a publicar L’Espagne et las Juifs , no tanto porque (probablemente) es la única copia del documento que ha sobrevivido, sino porque se trata de un documento de gran importancia para evaluar un aspecto significativo de la autorrepresentación del franquismo en un tema que fue central en la redefinición del régimen después de la Segunda Guerra Mundial y el fin de los fascismos. Por encima de todo, es importante poner de manifiesto el tipo de propaganda que se desprende de este documento y el descaro de las mentiras con las que construyeron la “nueva identidad” y el “Nuevo Estado”.
Esta última es una valoración del franquismo que no ha sido suficientemente tratada. Sabemos efectivamente que Franco y sus partidarios (la Iglesia católica, el ejército y la Falange) se llamaron a sí mismos “nacionales”, es decir, los defensores del estado y de la nación, y llamaron “revolucionarios”, “traidores” y “rebeldes” a los ciudadanos que se vieron obligados a tomar las armas para defender la democracia y el legítimo Estado republicano. Era una inversión absoluta de los términos y una verdadera falsificación de la realidad. Los llamados “rebeldes” fueron militarmente combatidos, procesados ​​y pasados ​​por las armas de un Estado que nació como resultado de un golpe de estado y de una guerra librada contra las instituciones creadas por la voluntad de los ciudadanos españoles. Esta falsificación completa de las bases sobre las que se construyó el Estado franquista fue generalizada. La encontramos en la vida cotidiana, en las organizaciones de masas, en las imágenes propias que el régimen quería ofrecer a la opinión pública nacional e internacional. El «Nuevo Estado» se mantuvo durante cuarenta años. Fue un Estado no sólo violento, sino sobre todo un Estado construido sobre mentiras, y lo que es peor -como es evidente en este opúsculo propagandístico que se ha publicado- unas mentiras flagrantes, sin ni siquiera intentar ocultarlas. Había que creer la falsedad, aunque fuera evidente, simplemente por el hecho de que esta falsedad había sido proclamada como verdad por el franquismo.
Es por estas consideraciones que “El oportunismo de Franco. Un informe sobre la cuestión judía” puede añadir elementos adicionales para conocer mejor el régimen de Franco