Europa, no sin España

Después de varios meses de trabajo por fin ha salido el tercer volumen de la saga sobre la incorporación de España a la Unión Europea. Se titula “Europa, no sin España (1968-1978)”, y lo publica la editorial EUNSA. europa-no-sin-espana-portada

La Unión Europea se encuentra en las horas más bajas de su historia, sumida en una verdadera crisis existencial como proyecto político, económico y social. Su situación actual pone en cuestión la relevancia de ese proyecto, señalando su rigidez y disfuncionalidad para hacer frente a las urgencias de la crisis y buscar acomodo en el sistema global. Otras voces ponen en duda su viabilidad, afirmando que ante la crisis económica y otras amenazas que sufre Europa -migraciones descontroladas, recortes fiscales o la creciente burocracia- sería mejor “ir solos”. En el norte de Europa, incluso desde posiciones moderadas se afirma que es mejor librarse del “lastre” que suponen los países del sur y la periferia de la UE, planteándose abiertamente la posibilidad de excluirlos de la eurozona. En el sur se afirma que es preciso zafarse de las exigencias de disciplina monetaria y fiscal que exige el euro, reclamando incluso el abandono de la moneda única para recuperar soberanía monetaria. Las reacciones nacionalistas y populistas a la crisis explican en parte que el “euroescepticismo” esté ganado espacios al europeísmo, extendiéndose desde los extremos hacia el centro del espectro político de la UE. Pero más allá del discurso y el debate político superficial, hay que reconocer que la UE experimenta una crisis profunda que afecta a su racionalidad, legitimidad, relevancia y viabilidad.cubierta

La explicación de estos problemas de 2017 se puede buscar, como hace el autor, en el modo en que se llevó a cabo el proceso de integración de los países periféricos como España en el núcleo central de la UE. Proceso en el que se obvió la natural diversidad de ritmos políticos, económicos y sociales de los países que acabaron formando esa entidad llamada Unión Europea. En este libro se aborda el caso de España en un momento crítico de su historia (1968-1978), los años previos y posteriores a la muerte de la última dictadura que pervivió en Occidente, la española.

Los dos tomos anteriores ya se publicaron en 2010 y 2014 respectivamente, con los títulos “Una Europa para dos Españas”, y “Europa, de entrada, no”. Espero que os gusten.

Grecia ya no existe como estado soberano

grecia

En Grecia llevamos seis años de “rescate”, y los hechos son estos: un 25% de disminución del PIB, un 26% de tasa de paro (más del 55% en el caso de los jóvenes), un 30% de empresas cerradas, más de un millón de despidos, un 38% de reducción salarial media, un 45% de reducción de pensiones media, una tasa de ahorro del -17%, 600.000 jóvenes cualificados emigrados, un aumento del 42% de la mortalidad infantil, un cuarto de la población bajo el umbral de la pobreza, millares de personas y familias comiendo cada día de la caridad popular, un año de “control de capitales”, un gobierno a las órdenes de los acreedores, el mayor plan de privatizaciones del mundo, y casi dos personas suicidándose al día durante los últimos seis años. Pero ¿algo habrá de positivo?, cabría preguntarse. ¡Habrá disminuido, al menos, la deuda! Pues no: la deuda estaba en el 120% del PIB cuando empezó el “rescate” y ahora está ya en el 180%; después de haber dedicado más de 460.000 millones a su amortización y de todos los sacrificios materiales y humanos. ¿No se ha dinamizado, acaso, la economía? ¿No han servido las medidas para atraer inversores? Tampoco: el PIB ha caído en picado, las empresas –grandes y pequeñas– están desertando y el país se encuentra a la cola del mundo en el ranking de inversiones, tan sólo por delante de países en estado de crisis humanitaria o guerra, como Suazilandia, Yemen, Eritrea, Sudán del Sur y Guinea Bissau. Y esto no es todo.

Si este balance fuera la cuenta de resultados de cualquier partido o coalición en un gobierno, éste habría caído ya en el más absoluto descrédito, y no habría nada que justifique ante alguien cuerdo la continuidad de su gestión. Pero, como es la cuenta de resultados de las políticas de la Unión Europea y de la Troika, es incuestionable, y al acatamiento de ese dogma del Único Camino contribuyen diariamente la clase política, la prensa del establishment y la comunidad académica, con una complicidad lesiva que deberá ser estudiada entre las causas de esta situación por los historiadores del futuro.

Tristemente, este penoso balance ya se ha quedado corto, porque, como era de esperar, la situación ha seguido empeorando en el último año y medio, durante el Gobierno de Syriza– ANEL y a raíz de la firma del tercer memorándum. Cuidado: nadie piense que el empeoramiento se debe a que los gobiernos anteriores –los del bipartidismo tradicional y los impuestos por los acreedores– hacían una política distinta y mejor, o a que el gobierno actual ha dado un giro antieuropeo que ha hecho descarrilar la situación irresponsablemente; no, el empeoramiento de la situación –un hecho incontestable– se debe, precisamente, a que se ha seguido aplicando, en un grado mayor, estrictamente la misma política de la UE.

¿Cómo es posible? ¿No era Syriza un partido rupturista que puso en jaque a Europa y a los mercados con su rápida ascensión en las elecciones europeas de 2014, su victoria en las nacionales de enero de 2015, su indómito ministro Varoufakis, sus extenuantes negociaciones con el Eurogrupo y su incómodo referéndum del OXI? Los hechos –una vez más, los hechos– demuestran que no. Syriza, lejos de ser algo así, resultó ser una oportuna válvula de escape para neutralizar gran parte de la peligrosa indignación social acumulada en los primeros cuatro años de “rescates” y frenar por un tiempo las manifestaciones en la calle, un candidato de refresco para el fatigado bipartidismo Nueva Democracia – PASOK, y un fiel ejecutor de las políticas del núcleo duro de la UE contra la voluntad y la confianza de los votantes que llevaron al partido al poder y contra la del 61,4% del electorado que votó NO en el referéndum por él convocado.

Para demostrarlo, volvamos a los hechos. Durante sus primeros meses de mandato, lo único que el nuevo gobierno consiguió obtener de aquel interminable thriller de negociaciones con la UE fue “afinar”, con el beneplácito de sus acreedores, las condiciones del endeudamiento crónico de Grecia. A cambio, reconoció implícitamente la deuda y su viabilidad; consolidó el Acuerdo de Préstamo y los memoranda (al no impugnar ni el uno ni los otros); se obligó a guardar fidelidad a la Troika (rebautizada eufemísticamente como “Instituciones”); condicionó a la aprobación de dichas Instituciones todas las reformas propuestas por su gobierno; se comprometió a utilizar los préstamos europeos sólo para recapitalizar a la banca y no para políticas sociales o de desarrollo; consintió la presencia continuada de tecnócratas europeos en los ministerios (task force) y la aplicación de sus “recomendaciones” para cumplir con los objetivos financieros; convino en seguir adelante con el ingente plan de privatizaciones; accedió a dedicar el total de los ingresos de privatizaciones y del superávit primario al pago prioritario de los acreedores a través de una cuenta cerrada en el Banco de Grecia; y se comprometió a no tomar unilateralmente medidas que pudieran afectar a los objetivos financieros sin la aquiescencia de las Instituciones.

Así pues, el Gobierno de Syriza-ANEL supuso continuismo y no ruptura. Ruptura hubiera sido, por ejemplo, detener de inmediato el pago de la deuda, auditarla de manera exhaustiva ejerciendo el derecho que le reconoce la propia UE (Art. 7.9 del Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo, 21/5/2013), negar la legitimidad de la Troika (amparados en la ignorada resolución que el propio Parlamento Europeo adoptó el 14 de marzo de 2014), poner de manifiesto la inconstitucionalidad de los procesos por los que fueron aprobados los memoranda y el Acuerdo de Préstamo, promulgar por mayoría parlamentaria una nueva ley que los declare nulos, y llevar a los artífices de los acuerdos y los planes de rescate ante los tribunales internacionales (pues hay estudios que demuestran que los programas de la Troika contravienen el propio derecho originario de la Unión Europea y la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, y violan asimismo derechos fundamentales –vivienda, sanidad, seguridad social, educación, salario justo, negociación colectiva…– recogidos en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en el Convenio Europeo de Derechos Humanos, en la Carta de Naciones Unidas y en otros acuerdos internacionales). Pero nada de eso se hizo.

Después del referéndum de julio de 2015 –en el que, pese al cierre de los bancos y a la intensa campaña mediática de intimidación, el resultado fue un rotundo NO a las políticas de austeridad europeas– el Gobierno griego se vio con varias cartas muy fuertes en su mano: el 61% de NO, la declaración del FMI sobre la inviabilidad de la deuda si no se procedía a una importante quita, otra declaración de expertos en Derechos Humanos de la ONU (30/6/2015) sobre la violación de lo dispuesto en la Carta de Naciones Unidas (Art. 103) y en la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados (Art. 53) por parte del Acuerdo de Préstamo y de los memoranda de la Troika, así como el informe de la Comisión de la Verdad sobre la deuda griega –comisión constituida a instancias del propio gobierno y presidida por Eric Toussaint–, que concluyó que, en un altísimo porcentaje, la deuda puede ser calificada de odiosa e ilegal. Pero el gobierno tiró todas esas cartas a la basura. A la vuelta del verano, ganó de nuevo las elecciones nacionales del 20 de septiembre, y, poco después –¡con los votos de la oposición!–, aprobó el tercero y más oneroso de los memorando firmados hasta el momento.

Dicho memorándum ha traído nuevos recortes en salarios, pensiones y gasto social, así como también el compromiso de aplicar recortes de forma automática y sin necesidad de aprobación del Parlamento siempre que no se alcancen los objetivos financieros señalados. Del nuevo “rescate” de 83.400 millones –que incrementan considerablemente la deuda–, 70,9 van directamente a amortizar capital e intereses y a recapitalizar a la banca privada; y sólo 12,5 se destinan formalmente a inversión y crecimiento. ¿Quién presta ese dinero? La “parte del ratón” la ponen el FMI (13,7) y diversos préstamos bilaterales (7), mientras la “parte del león” la aporta el opaco Mecanismo Europeo de Estabilidad (62,7), un organismo nada democrático, ajeno al control de todo parlamento o gobierno, y cuyas condiciones Grecia se obliga a aceptar renunciando a sus prerrogativas de Estado soberano. ¿Y quién pone el dinero del MEDE? La contribución de los Estados miembro al préstamo del Mecanismo aporta sólo “garantías”: en realidad, los 62.700 millones debe ponerlos la propia Grecia, obligándose a obtener un superávit primario de 12.700 millones y a llevar a cabo un ambicioso plan de venta de activos por valor de 50.000 millones. Tal superávit primario, en estas condiciones, sólo puede salir de una austeridad letal; y los 50.000 millones en activos sólo pueden salir de malvender todos los bienes del país (recordemos que, cuando el “rescate” sólo estaba empezando, apenas consiguieron venderse activos por importe de 2.500 millones al año).

Para “agilizar” las cosas, el plan de privatizaciones de Grecia ha estado dirigido, desde el primer momento, por sucesivas entidades de derecho privado regidas por tecnócratas, con sede fuera del país y cada vez más alejadas del control estatal. Últimamente, quien dirigía la almoneda era un fondo llamado Institution for Growth, con sede en Luxemburgo (país a la cabeza en la lista de blanqueo de dinero de la UE) y supeditado al Banco de Crédito para la Reconstrucción (KfW), institución alemana cuyo actual presidente es Wolfgang Schäuble. Pero esto también se ha quedado corto, y el gobierno ha acordado la creación de un “superfondo”, controlado en gran medida por el Mecanismo Europeo de Estabilidad, al que serán transferidos todos los activos del Estado griego para su explotación y venta con vistas a la amortización de la deuda por un período de… ¡99 años!

Más vale no seguir. En estos momentos, los ingresos medios de la familia griega se cifran en 20.000 euros anuales; los gastos mínimos y los impuestos, en 36.760. ¿Cómo se suple ese 46%? ¿Cuántos años se puede continuar así? Y aún hay que aplicar nuevos paquetes de “medidas” para seguir haciendo caja. Con este balance, sólo comparable al de algunos países depauperados por el colonialismo y la guerra, Grecia ha recibido, en los últimos tiempos, el 80% de los refugiados y migrantes que cruzan el Mediterráneo hacia Europa, y retiene en su suelo a casi 60.000, merced a las políticas insolidarias de la UE. Y esta primavera –sin pasar siquiera por la aprobación del Parlamento, sin que nadie se entere de lo que se ha pactado–, el Gobierno ha firmado un acuerdo con la OTAN poniendo en sus manos el control del Egeo.

El balance es penoso, y sería aún muy largo de contar; pero podría resumirse en una idea: Grecia, si aún no de iure, ha dejado de facto de ser un Estado soberano, una “asociación política con soberanía efectiva, interna y externa, sobre una zona geográfica determinada”; pues ni en lo económico, ni en lo político, ni en lo territorial, se aviene ya –aunque sea de lejos– a esta escueta definición. Grecia ya no existe como Estado soberano. Y el pueblo griego necesita un proyecto en que creer, un empeño colectivo capaz de justificar sus enormes sacrificios, una esperanza de seguir existiendo en el futuro. Pero ninguna, ninguna de las medidas que se han aplicado y que se siguen aplicando, tiene nada que ofrecerle en este sentido. Lo prueban los hechos.

El déficit y la deuda pública no son el problema

Vergüenza e indignación es lo que siento cuando observo la obsesión de la Comisión Europea por que todos los países tengan que reducir el déficit público: vergüenza porque sus premisas y proclamas son falsas y equivocadas y las venden como verdades absolutas (y los medios de comunicación se hacen eco de ellas sin verter un ápice de crítica); indignación porque detrás de estas exigencias de política económica se esconde el particular interés de reducir el tamaño del sector público todo lo posible a favor tamaño del sector privado, independientemente del coste social y ecológico que ello pueda conllevar.Condecorados

No existe ningún motivo científico-técnico serio que lleve a pensar que los Estados tengan que disminuir su déficit público  por debajo del 3% del PIB (¡y mucho menos presentar superávit, como últimamente se atreve a exigir la Unión Europea!). Recordemos que el tope del 3% sobre el PIB de déficit público fue inventado en menos de una hora y sin ninguna reflexión científica, sólo con el objetivo de disponer de una regla sencilla –y que pareciese seria– que obligase a los Estados a disminuir su gasto. ¿Qué demonios hacemos recortando en pensiones, sanidad, educación, dependencia, salarios, desempleo, etc, para cumplir con esa maldita regla a-científica e improvisada por cuatro personas? Estamos organizando nuestras sociedades de una forma absolutamente absurda, estamos viajando con una brújula trucada, y a pesar de ello parece que muy pocos se dan cuenta. Nos han engañado como a chinos y aquí nadie dice nada.

Necesitamos desprendernos de las mentiras y mitos que han contaminado nuestra mente cuando pensamos en cuestiones como el déficit público o la deuda pública. Repitámoslo hasta la saciedad: las finanzas del Estado no tienen nada que ver con las finanzas de una empresa o de una familia. El déficit de un Estado no significa que éste esté “viviendo por encima de sus posibilidades”, así como la deuda pública no es dinero que el Estado tenga que ingresar de algún modo para devolvérselo a quienes le prestaron el dinero. ¡Cuánto daño ha hecho la famosa falacia de la falsa analogía entre un Estado y una familia! Derrumbemos estas falsas creencias y sustituyámoslas por razonamientos técnicos que expliquen mejor la realidad.

El déficit de un Estado no es más que la diferencia entre el dinero que éste inyecta en la economía a través del gasto público y el dinero que éste retira de la economía a través de los ingresos públicos (como los impuestos). El déficit público no es otra cosa. Miren a su alrededor: todo el dinero oficial que existe ha nacido del gasto público. Las monedas, billetes y anotaciones electrónicas creadas por los bancos centrales se ponen en circulación cuando el Estado inyecta más dinero del que retira.

La anécdota que cuenta siempre Warren Mosler es muy clarificadora. Estaba él de visita por Pompeya cuando el guía turístico, señalando unas monedas del imperio romano, explicó que era dinero que el imperio tenía que recaudar de los ciudadanos romanos para poder gastarlo en construcción de acueductos, en guerras, y en otros gastos públicos. Entonces el economista estadounidense preguntó: “y de dónde salían esas monedas?” El guía respondió: “las creaba la autoridad del imperio romano que tenía esa competencia”. Mosler volvió a hablar: “entonces, si el imperio romano creaba las monedas, ¿por qué has dicho que para llevar a cabo políticas tenía que recaudarlas de los ciudadanos romanos? En todo caso primero tendría que crear las monedas, luego ponerlas a disposición de la gente a través de alguna política de gasto, y finalmente recaudarlas. Pero no puedes recaudar algo que no existe porque no lo has creado todavía”. El guía turístico se quedó pensativo, y finalmente respondió “Eh… sigamos con la visita”.

Esta simpática anécdota sirve para ilustrar algo de lo que jamás se habla, a pesar de lo evidente que es: el dinero oficial lo crea el sector público gracias a los bancos centrales (que no son independientes ni pueden serlo). Y en las sociedades modernas ese dinero se crea a través del déficit público. Cuando hay déficit público, se anota más dinero en las cuentas bancarias de las familias y empresas del que se borra de esas mismas cuentas. El déficit público es creación de dinero. Esto es incontestable. Sigue leyendo

24 datos sobre ISIS que no se conocen

El profesor Michel Chossudovsky, economista canadiense y director del Centro de Investigación sobre la Globalización, en Montreal, ha recopilado 24 verdades que los gobiernos occidentales no quieren que la población conozca acerca de ISIS (o Estado Islámico) y Al-Qaeda… ¿Cómo es posible que sigan el juego de los Estados Unidos encaminado a crear un estado mundial policial? Pasando por la destrucción de pueblos, culturas ancestrales y restos de antiguas civilizaciones. La barbarie en su máxima dimensión.Police

1. Los Estados Unidos han apoyado a Al Qaeda y a sus afiliadas durante medio siglo, desde el apogeo de la guerra afgano-soviética.

2. La CIA creó campos de entrenamiento para al-Qaeda en Pakistán. En el período de diez años, desde 1982 hasta 1992, unos 35.000 yihadistas de 43 países islámicos fueron reclutados por la CIA para luchar en la jihad afgana contra la Unión Soviética.

3. Desde la época de la Administración Reagan, Washington ha apoyado a la red terrorista islámica. Ronald Reagan calificó a esos terroristas como “luchadores por la libertad”. Los EE.UU. suministraron armas a las brigadas islámicas. Todo era para “una buena causa”: la lucha contra la Unión Soviética y el cambio de régimen, lo que llevó a la desaparición de un gobierno secular en Afganistán. Basta recordar películas de propaganda de la época, como la célebre Rambo III.

4. Los libros de texto yihadistas fueron publicados por la Universidad de Nebraska. Estados Unidos gastó millones de dólares para suministrar libros de texto repletos de imágenes violentas y enseñanzas islámicas militantes a los escolares afganos.

5. Osama bin Laden, fundador de Al Qaeda y hombre más odiado de Estados Unidos, fue reclutado por la CIA en 1979 al comienzo mismo de la guerra yihadista de Afganistán contra la Unión Soviética. Por aquel entonces, Bin Laden tenía 22 años y fue entrenado en un campo de entrenamiento de guerrillas patrocinado por la CIA.

Según el Profesor Chossudovsky, Al Qaeda se encontraba detrás de los ataques del 11 de septiembre. De hecho, el ataque terrorista de 2001 proporcionó una justificación para librar una guerra contra Afganistán, bajo el argumento de que Afganistán era un estado patrocinador del terrorismo de Al Qaeda. Los ataques del 11 de septiembre, pues, fueron fundamentales para sentar las bases de la “Guerra Global contra el Terrorismo”.

6. El Estado Islámico o ISIS era originalmente una entidad afiliada a Al-Qaeda, creada por la inteligencia de Estados Unidos con el apoyo del MI6 Británico, el Mossad Israelí, los servicios de Inteligencia de Pakistán y la Inteligencia de Arabia Saudita.

7. Las brigadas de ISIS han estado involucradas en el apoyo a la insurgencia que los EE.UU. y la OTAN han dirigido contra el gobierno sirio de Bashar al Assad durante la guerra civil de Siria.

8. La OTAN y el Estado Mayor de Turquía fueron los responsables de la contratación de mercenarios de ISIS y Al Nusrah desde los inicios de la insurgencia siria, en marzo de 2011. Según fuentes de inteligencia israelíes, esta iniciativa ha consistido en: “Una campaña para reclutar a miles de voluntarios musulmanes en países de Oriente Medio y el mundo musulmán para luchar junto a los rebeldes sirios. El ejército turco aloja a estos voluntarios, los entrena y asegura su entrada en Siria”.

9. Hay miembros de las fuerzas especiales occidentales y agentes de inteligencia occidentales dentro de las filas de ISIS. Miembros de las Fuerzas Especiales Británicas y del MI6 han participado en el entrenamiento de los rebeldes yihadistas en Siria.

10. Especialistas militares occidentales contratados por el Pentágono han entrenado a los terroristas en el uso de armas químicas. “Los Estados Unidos y algunos aliados europeos están utilizando a contratistas de defensa para entrenar a los rebeldes sirios sobre cómo asegurar los arsenales de armas químicas en Siria, según informó un alto funcionario de Estados Unidos”. Sigue leyendo

TTIP: ¿oportunidad o amenaza?

La respuesta popular contra el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP), tanto por número de países en que está presente como por número de organizaciones participantes, es inmensa. Gracias al esfuerzo de miles de personas a ambos lados del Atlántico, gran parte de la población va conociendo las fatales implicaciones que la aprobación de este tratado tendría sobre nuestras sociedades. No es fácil, pues el silencio en los medios de comunicación de masas sigue siendo total; pero el mensaje va calando. Nos llevaría a una servidumbre políticamente culpable, producto del cinismo político, al que tan acostumbrados nos tiene un capitalismo.TTIP

¿De qué servidumbre hablamos? De la que encontramos en fuerzas políticas que, haciendo dejación de su responsabilidad ante la ciudadanía a la que representan, entran en posición subalterna en un extraño juego sobre el TTIP al que son invitadas como comparsas, puesto que se les solicita participar en él, pero sólo eso, pues en ningún caso se les va a permitir “ganar”. Y es así porque las reglas de juego están trucadas: nada tienen que ver con procedimientos democráticos, como da a entender la opacidad que acompaña a la negociación sobre el TTIP. En ésta entran de lleno las grandes corporaciones transnacionales, y sus “correas de transmisión” en el gobierno de EEUU y en la Comisión europea. Los diputados del parlamento europeo, como hemos sabido, apenas si deprisa y mal han podido ver una documentación racionada en consultas sometidas a estricta vigilancia, lo que no es sino pisoteo de lo que quedara de soberanía en el ejercicio de representación política que han de desempeñar. En lamentable coherencia con tal práctica antidemocrática,  la comisión parlamentaria dedicada a tales cuestiones ha preparado un informe para presentar al pleno del parlamento que sólo tiene, como tal informe, el valor de un conjunto de indicaciones no vinculantes. Aun así, en dicho informe iban contempladas medidas de arbitraje en caso de conflicto entre empresas transnacionales, con sus inversiones, y los Estados, con sus administraciones y poderes públicos, que habrían de resolver instituciones de arbitraje privadas. Puede considerarse positivo que ese mecanismo de arbitraje, conocido como ISDS, haya pasado en el informe a plantearse como algo a resolver por tribunales públicos, lo cual se anota el grupo socialista como una buena contrapartida obtenida mediante transacciones con la derecha del europarlamento. Con todo, ya es significativo que los Estados tengan que defender sus regulaciones, que serán en cualquier caso conforme a directivas europeas, en tribunales ante los cuales las grandes corporaciones no van a dejar de actuar en condiciones ventajistas.

Si desde los eurodiputados socialistas, como hacen los españoles, se hace notar que se ha puesto como condición -¡en documento no vinculante!- que se respete en el futuro Tratado todo lo recogido en los convenios de la Organización Internacional del Trabajo, hay que saber que EEUU, de ocho grandes convenios sobre cuestiones laborales, sólo ha firmado dos. ¿Se compromete a suscribir los otros seis antes de firmar el TTIP? La pregunta misma es candorosa. Por tanto, para no sonrojarse uno por ello habrá que decir al menos que las mencionadas indicaciones tienen un carácter marcadamente cosmético, quedando, como apelaciones a la buena voluntad, en la periferia de un Tratado cuyo núcleo duro tiene que ver con otras cosas, como bien debería saberse por quienes, como el secretario general del PSOE, asumen un papel activo a la hora de salvar lo que respecto al TTIP se va haciendo. ¿Qué garantías vamos a tener de que el Tratado que salga de las negociaciones efectivas no incidirá negativamente en imprescindibles políticas medioambientales, en servicios públicos a salvo de privatizaciones o en el debido reconocimiento de los derechos de los trabajadores, por ejemplo? Si pensamos en cómo actúa el lobby de la industria farmacéutica estadounidense, tenemos muchos motivos para preocuparnos, y más con el humillante secretismo que padecemos.TTIP1

Para calibrar, por otra parte, el cinismo con el que se urde y se presenta el TTIP, hay que enmarcar los detalles del mismo en el cuadro en el que se insertan. Es conocido que un tratado de estas características se llama de “libre comercio” para despistar, pues nadie diría de las relaciones económicas entre EEUU y la UE que no son de libre comercio. Desde Vicenç Navarro hasta el Nobel Joseph E. Stiglitz, considerando éste las cosas desde la perspectiva de quien fue Vicepresidente del Banco Mundial y asesor económico del presidente Obama, han insistido en ello con suficiente claridad: el objetivo no es el libre comercio como tal, sino asegurar la coordinación entre países para que sus regulaciones no interfieran con las condiciones y expectativas de esos grandes inversores que, efectivamente, actúan como lobby, no sólo ante los Estados, sino ante una entidad supraestatal cual es la UE. El objetivo no es, por tanto, un libre comercio que prácticamente ya se da, sino controlar las regulaciones que puedan darse, manteniendo la pretensión neoliberal de mercados desregularizados, no sólo de capitales, sino de bienes y servicios y, por supuesto, de trabajo. El libre comercio es la coartada para maniatar la democracia. Y el capitalismo cínico ya se encarga de atarle las manos sin contemplaciones.

Conviene, además, tener presente que el TTIP no es pieza aislada, sino una más en la reconfiguración del orden neoliberal mundial. Si el TTIP se pone al lado del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP), que EEUU trata de ahormar con países de Asia y de América -contrarrestando el peso de China-, y se contempla junto al Acuerdo Integral de Comercio con Canadá (CEPA), añadiendo al conjunto el Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TISA) tras el que andan más de cincuenta países, tendremos la visión panorámica de cómo reorganiza el capitalismo mundial este mundo globalizado a su imagen y semejanza. Si desde la izquierda se transige sin más, es que ha sucumbido al globalismo como esa variante de la ideología neoliberal que en su día denunció el sociólogo alemán U. Beck. Y si los europarlamentarios socialistas llegan a la cámara europea y votan a favor del TTIP sin tener en cuenta todo esto van a tener que dar explicaciones a una ciudadanía que no va a aceptar la mala excusa de que todo está confuso por problemas de comunicación.

Para informarse sobre el TTIP: TTIP y CETA  TTIP y empleo TTIP y salud TTIP y derechos laborales TTIP y medio ambiente

José Antonio Pérez Tapias, Miembro del Comité Federal del PSOE (Público, 6/VI/15)

Europa, de entrada, no

La reciente publicación del libro Europa, de entrada, NO pone una vez más sobre el tapete la triste realidad de un régimen como el de Franco que pretendía ingresar en el Mercado Común Europeo, al tiempo que se negaba a reconocer en fechas tan tardías como los años 60, los derechos humanos elementales a sus ciudadanos: libertad religiosa, de expresión, de asociación, sindical, etc. Esta tensión entre lo que era el franquismo y lo que era el resto del mundo libre, explica en gran medida la penosa negociación para ingresar en el club europeo, que duró un cuarto de siglo (de 1962 a 1986). Europa, de entrada, no

En el libro analizo los años centrales (1963-1968) durante los que se ultimó el gran logro del franquismo en materia de política económica internacional, la firma del Acuerdo Preferencial de 1970 con el Mercado Común, acuerdo alabado por todos y que rigió nuestras relaciones con Europa hasta la incorporación definitiva en 1986. En un volumen anterior (Una Europa para dos Españas) abordaba los primeros pasos del proceso (1957-1963). Entre otros aspectos interesantes, explico unos sucesos muy pocos conocidos de la historia de España. Me refiero a los tres intentos de secuestro por parte de ETA que sufrió el representante de España ante la Europa de los Seis, Alberto Ullastres. El primero tuvo lugar en 1968 y el último en octubre de 1973, un mes antes del atentado a Carrero Blanco. Así que los comandos de ETA que preparaban ambos ataques lo hicieron en paralelo, aunque el de Ullastres se gestara desde París. También la negativa a permitir la entrada del Reino Unido acarreó dificultades a la solicitud.OTAN

Quizá para alguien que no ha vivido esos años resulte difícil distanciarse de la imagen de régimen benévolo y desarrollista que se ha difundido por autores revisionistas. Pero la realidad es mucho más dura que esa. Recientemente, Joaquim Bosch, portavoz de la asociación progresista Jueces para la Democracia,  explicaba la situación de las familias de las víctimas del franquismo recordando que España es el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos, detrás de Camboya. Sigue leyendo

ETA intentó secuestrar a Ullastres en tres ocasiones

Alberto Ullastres, ministro de Comercio con Franco entre 1957 y 1965, marchó este último año a Bruselas para hacerse cargo de la representación permanente de España ante el Mercado Común. Era difícil ser el hombre que daba la cara por el último régimen no democrático de Europa occidental. Estuvo una decena de años en la capital comunitaria y puede anotarse en su haber el logro del Acuerdo Preferencial de 1970, instrumento económico que reguló toda la actividad comercial con la CEE hasta el ingreso en 1985. A. Ullastres

Pero aquí quiero referirme a un aspecto poco conocido de su biografía: los tres intentos de secuestro que sufrió (en 1968, 1969 y 1973) por parte de elementos anarquistas y de ETA. La relación pormenorizada aparecerá en un libro que saldrá en enero (“Europa, de entrada, NO”). Aquí ofrezco un adelanto para abrir boca. En concreto, se trata del relato que hacía el propio embajador a sus superiores en Madrid del último intento de secuestro, en noviembre de 1973,  un mes antes de la muerte de Carrero.

“Exteriores Madrid. Telegrama nº 231. Bruselas, 8 de noviembre de 1973. Muy urgente. Muy secreto

El miércoles día 7 del corriente a la una y media de la tarde cuando se encontraban en la residencia del Embajador solamente dos empleadas de servicio, llamaron a la puerta de servicio (la residencia ocupa el tercer piso de la casa) y apareció un chico joven con un paquete acompañado de otro individuo. La empleada que estaba en la cocina les abrió la puerta y la dieron entonces un empujón contra la pared amenazándola con una pistola y tapándole la boca diciéndole que no gritase, al mismo tiempo que aparecían por la puerta otros dos individuos armados. Los cuatro eran jóvenes, entre 20 y 30 años. Dos de ellos iban bien vestidos y algunos llevaban barba. Como conociendo aquella parte de la casa empujaron a la empleada hasta el comedor y el salón, dejando el paquete en el comedor y preguntándole si había alguien más en la casa. Mientras la amenazaban le dijeron que no se preocupase que no iba contra ella y que era al Embajador Ullastres al que querían ver. La empleada les contestó con evasivas y entonces parte de ellos se fueron a recorrer la casa quedándose uno con ella. En un descuido echó a correr y se fue otra vez hacia la cocina donde la alcanzó su perseguidor. En ese momento entró por la puerta de la cocina la otra empleada que en un primer momento creyó que era alguien conocido al ver una máquina fotográfica sobre la lavadora. Cuando volvió la vista hacia su compañera y la vio debatiéndose contra el visitante que a su vez se abalanzó contra ella, dio media vuelta y se encerró en el planchero con llave donde no intentó entrar su perseguidor, el cual se volvió hacia la otra empleada y llevándosela de nuevo al salón la puso unas esposas que llevaba preparadas. La que se había encerrado en el planchero abrió la ventana y comenzó a dar voces por el patio. De repente se acordó que había un aparato telefónico en la habitación y llamó a la cancillería donde se puso rápidamente al habla con el Embajador comunicándole que había ladrones en la casa y que se estaban oyendo sus pasos en aquel momento por el pasillo contiguo que conducía al fondo de la misma.

El Embajador después de tranquilizarla y dejarla en contacto telefónico con su secretaria tomó las disposiciones oportunas, la primera de las cuales fue avisar a la policía, después enviar a un diplomático de la Misión con un ordenanza en un coche a la residencia y después intentar avisar a la portería de la misma –el portero es guardia del barrio– para que les bloquease la retirada mientras llegaba la policía, cosa que no consiguió por ausencia del portero. Intentó entonces advertir por teléfono también a la cancillería de Austria que ocupa la casa contigua a la residencia, y después partió él mismo con otro diplomático hacia la casa. Sigue leyendo