Las fosas caen en el olvido

Decenas de miles de familias siguen esperando que les devuelvan los restos de sus familiares desaparecidos en la Guerra Civil. LMH

Siete años después de su aprobación, la Ley de la Memoria Histórica mantiene una larga lista de tareas pendientes. La primera de ellas es aún la de localizar, exhumar y entregar a sus familias las decenas de miles de españoles que, 65 años después la conclusión de la Guerra Civil y 39 desde el fin de la dictadura, permanecen sepultadas en fosas comunes de cementerios o cunetas de carreteras.

Según la investigación que llevó a cabo el ex juez Baltasar Garzón en la causa del franquismo, 114.226 personas desaparecieron entre 1936 y 1951 a causa de la represión llevada a cabo por el régimen, un número que las asociaciones de la memoria histórica consideran por debajo de la realidad. Desde el año 2000 se han recuperado los restos de cerca de 6.000 de los asesinados. De estos últimos, 2.800 fueron exhumados en el antiguo cementerio malagueño de San Rafael, donde se calcula que se produjeron 4.400 ejecuciones.

El artículo 11 de la Ley de la Memoria Histórica establece que «las administraciones públicas, en el marco de sus competencias, facilitarán a los descendientes directos de las víctimas que así lo soliciten las actividades de indagación, localización e identificación de las personas desaparecidas violentamente durante la Guerra Civil o la represión política posterior y cuyo paradero se ignore». Lo redactado sólo estipula que el Estado ayude a los familiares, sin llegar a encomendarle la responsabilidad de exhumar a los españoles asesinados.

Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), mantiene que la entrada en vigor de la ley no supuso avance alguno. «El principal problema ha sido siempre el mismo y no se ha solucionado con esta norma descafeinada. Esto debería ser una responsabilidad del Estado y no de los hijos o los nietos de las víctimas».

El pasado julio un contundente informe del Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas de Naciones Unidas puso de relieve esta realidad. El documento valora que, desde el retorno de la democracia, «se han dado pasos importantes aunque tímidos para asegurar la verdad, la justicia, la reparación y la memoria frente a las desapariciones forzadas durante la Guerra Civil y la dictadura».

No obstante, el equipo de la ONU recuerda que, de acuerdo con el derecho internacional que ha suscrito España, el Estado debe asumir una responsabilidad y «un rol de liderazgo» en la recuperación de las personas desaparecidas. Para solucionar la actual situación, Naciones Unidas lanzó una serie de recomendaciones entre las que se encuentra «adoptar, a la mayor brevedad posible, un plan nacional de búsqueda de personas desaparecidas». Aunque el informe fija un plazo de 90 días para que España proponga un calendario, esta iniciativa no tiene carácter vinculante, con lo que no se podrá imponer ningún tipo de sanción en caso de que el Gobierno no atienda al requerimiento de la organización mundial. Sigue leyendo

Franco, ¿un fascista?

El debate acerca de la correcta caracterización de Franco y el franquismo en lo referente a sus relaciones con el fascismo y el nazismo, ha sido especialmente intenso en las últimas décadas. En concreto, precisar o aclarar la naturaleza del franquismo, su grado de compromiso con esas ideologías totalitarias, la franqueza de las declaraciones que hacía Franco o los falangistas sobre su adhesión a esos regímenes. Poco ha contribuido a ello el uso habitual de fascismo/fascista como dicterio o arma arrojadiza, de dudosa elegancia, en muchas discusiones. Basta ojear cualquier periódico digital que hable de este tema para encontrar los calificativos de dictador, asesino, genocida y, por supuesto, fascista, aplicado a Franco y su régimen. Veamos su valor descriptivo de lo que fue la dictadura franquista.Franquismo

Si hemos de creer a un falangista como Dionisio Ridruejo, ellos eran fascistas y se enorgullecían de serlo. Dice: “Se me ha preguntado más de una vez si los falangistas de 1936 éramos fascistas. Siempre he contestado afirmativamente. A otras personas, que también lo fueron, esa admisión les parece inaceptable, acaso porque no han sometido a un lavado crítico sus antiguas convicciones. Es cierto que José Antonio Primo de Rivera dio muestras de desear distanciarse de los modelos llamados totalitarios y que algunos de sus consejeros eran más maurrasianos que devotos de Mussolini o de Hitler. También es cierto que el falangismo era una ideología en formación y es posible que hubiera tenido una crisis si el resultado electoral del 36 hubiera sido otro. Este resultado electoral, sin embargo, llenó sus filas de masa netamente derechista que iba a Falange porque veía en ella el portavoz del fascismo español, de la acción minoritaria violenta para la conquista del Estado”. Cosa distinta es que Franco asumiera el ideario falangista.

Sería a partir de julio de 1936 cuando Falange, concebida como partido único adquiere un alto grado de imitación respecto a los modelos italiano y alemán. De lo que cabría concluir que el movimiento más propiamente fascista no fue el de la Falange originaria, sino el creado por Franco a partir del inicio de la guerra y, sobre todo, tras el Decreto de Unificación de 1937. Pero equiparar fascismo y franquismo resulta problemático porque los contextos ideológicos, políticos y sociales en los que surgieron tales regímenes fueron muy distintos. A diferencia de Alemania e Italia, la sociedad española hubo de enfrentarse a una guerra civil que no fue consecuencia de la dialéctica fascismo/antifascismo, sino de la de revolución/contrarrevolución. Salvo en España, no existió en la Europa occidental una izquierda tan radical y extrema como la anarquista y la comunista.

Este modo de proceder presenta el grave inconveniente de integrar en un mismo género político-ideológico al fascismo italiano y al nacional-socialismo alemán, con sus respectivas profesiones de fe pagana y atea, respectivamente, con el falangismo español y su apelación a una Revolución fundada en los más altos valores espirituales del cristianismo. Diferencia esencial entre unos y otros que, por cierto, a los falangistas precisamente no se les pasó y no les pareció secundaria o circunstancial. De ahí su resistencia, o ambigüedad, a la hora de asumir el término fascista como elemento de definición. La Falange no tuvo contacto con los partidos nazi y fascista. A José Antonio no le agradaba su carácter ateo/pagano; no sentía ninguna admiración por Mussolini del que decía que se había limitado a crear un mito. Pese a aceptar el carácter fascista de Falange pronto lo desmiente. Falange se separa de nazis y fascistas: es católica; equiparan su ideología a la política nacionalista de los Reyes Católicos; y la religión se hace más fuerte a medida que avanza la guerra.

En cuanto a Franco se puede afirmar que nunca fue fascista, en sentido estricto. Tenía una mentalidad estratégica que se adaptaba a cada situación. Los falangistas cometieron el error de pensar que Franco se identificaba con la ideología falangista. Pero Franco no creía en ninguna ideología, era un militar de academia formado en la lógica de la estrategia militar, que aplicó toda su vida al gobierno de España. No creía en los políticos ni en los intelectuales. Eran necesarios pero controlados desde un poder superior, que era el militar. A Franco no le tembló la mano a la hora de firmar condenas de muerte: en toda guerra, para ganar, tiene que haber bajas. Aprendida en la milicia es su división del campo en dos partes, la de los amigos y los enemigos, a los cuales hay que combatir hasta la muerte. La II República le había convencido de la inutilidad de los políticos y de las veleidades de los intelectuales. No creía en ellos. Los usaría pero con esa mentalidad militar: Falange, Acción Católica, ACNP, Opus Dei. Solo hay un grupo al que siempre tuvo a su lado, la jerarquía católica: esa será una de las permanentes críticas de la Falange dado que la Iglesia estaba alineada con la parte más reaccionaria y conservadora de la sociedad española. Franco siempre escondió su estrategia e hizo creer a todos que estaba con ellos, cuando en realidad no era así.

Franco impuso su estrategia de acercamiento a nazis y fascistas intentando convertir a España en una tercera potencia. Pero dejó de hacerlo cuando esto empezó a ser estratégicamente comprometido. Tal es la tesis que han defendido historiadores como Payne y que ha sido corroborada ampliamente por los testimonios procedentes del mismo Hitler. Tiene razón Ridruejo cuando niega el calificativo de fascista aplicado a Franco. Dice: “Franco no era fascista. Lo que a Franco le interesaba totalizar era únicamente el mando. Mando y obediencia habían de ser las relaciones recíprocas entre la jefatura y el Partido, el generalato, el Ejército, la presidencia y el Gobierno”. Todo estaba vinculado a su decisión suprema, pero él nunca estaría supeditado al Partido, como había ocurrido en alguna medida con Stalin y Hitler, y, de forma paradigmática, a Mussolini que fue forzado a dimitir por el Gran Consejo fascista (el Partido). Era una lección que Franco tenía aprendida. Sigue Ridruejo: “En las perspectivas de Franco tales vinculaciones resultaban inadmisibles. Él se organizó una figura trinitaria en la que la persona soberana era una –e incondicionada– y sus funciones tres: el Partido, las fuerzas armadas, el Gobierno, sin que estas funciones pudieran interferir las unas en las otras. El Gobierno no dependería jamás del Partido ni del Ejército. El Partido sería instrumental. El Ejército, un delicado aparato de obediencia automática, en el que residiría –latente– la última ratio”.

Si se entiende el fascismo sólo como la aspiración a establecer una nueva sociedad jerárquica y orgánica, con la que superar la anemia de la sociedad moderna, entonces, ciertamente, Falange sería un movimiento fascista (con el inconveniente de haberse devaluado la nación al ensancharse por su base).

Pío XII, los judíos y España

La controversia que ha rodeado el papel de Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial y su actitud frente a la persecución de los judíos podría aclararse en breve si se confirman las intenciones del Papa Francisco de abrir a los estudiosos archivos no conocidos de ese periodo. Él vivió muy de cerca el ascenso del nazismo, ya que fue nuncio en Alemania desde 1917, y desde 1930 dirigió la política exterior de la Santa Sede como secretario de Estado hasta ser nombrado pontífice en 1939.Pio XII

De los documentos que se conocen, resulta indudable que el Papa rechazaba el nazismo, pero también que creía que debía mantener relaciones con Alemania como mal menor. La principal acusación por parte de algunos historiadores que fue cogiendo vuelo a partir de los sesenta se centra en que el Papa no condenó de forma pública el fascismo y que no intervino para detener las deportaciones de judíos, a pesar de estar al corriente. Lo cierto es que en la posguerra recibió el agradecimiento de destacadas personalidades judías, entre las que figuró Albert Einstein. Durante la contienda, el Vaticano escondió a numerosos judíos en iglesias y monasterios; a muchos les facilitó falsos certificados de bautismo y visados. Israel Zolli, Rabino Jefe de Roma durante la Segunda Guerra Mundial, se hizo católico  pocos años después de terminar esta y quiso ser bautizado con el nombre de Eugenio Pío, en honor de Pío XII. El Congreso Judío Mundial agradeció en 1945 la intervención del Papa, con un generoso donativo al Vaticano. En el mismo año, el gran rabino de JerusalénIsaac Herzog, envió a Pío XII una bendición especial «por sus esfuerzos para salvar vidas judías durante la ocupación nazi de Italia».

Por lo que se refiere a nuestro país, el gesto más significativo fue el Radio mensaje a España de Pío XII (16 de abril de 1939). Había sido elegido apenas dos semanas antes (el 2 de abril). Franco agradeció sobremanera este gesto del Romano Pontífice en momentos tan cruciales para el régimen. Años después, el 12 de mayo de 1956, con motivo de los 80 años del Papa, se organizó en Madrid  un «Homenaje del pueblo español a Pío XII«. El acto se celebró en el estadio Santiago Bernabéu, escenario de las «demostraciones sindicales». Tuvo una cuidada escenificación, con la presencia de personajes de todos los ámbitos de la sociedad española. Comenzó con un breve concierto de la Banda de la Policía Armada, dirigida por Arturo de los Santos, con piezas de Parés, Ganne, Sousa y Wagner. La dirección del acto fue de Blas Piñar que presentó a los intervinientes. Se escogió a personas significativos en diversos ámbitos de la vida española: Un niño español, Marcelino pan y vino, es decir, Pablito Calvo. Una madre de familia, Guadalupe Torrado de Sánchez Aguilar. Una voz del mundo de los deportes, Santiago Bernabéu. Un obrero, Manuel Castañón. Un hombre de empresa bilbaíno, José María Oriol. Un periodista, Nicolás González Ruiz. Un caballero andaluz, Álvaro Domecq. Un militar que fue “Embajador en el infierno”, el Comandante Palacios. Un escritor catalán, autor de La herida luminosa, José María Sagarra. Un catedrático, el de la Universidad de Santiago, Álvaro D’Ors. Un sacerdote, párroco de suburbios, D. Antonio Varela.

 

10 apuntes sobre la Revolución de Asturias

La revolución de Asturias en octubre de 1934 constituye uno de los acontecimientos que más tinta ha hecho correr. Para unos se trata de un ensayo de lo que sería el Frente Popular y el dominio socialista y comunista. Para otros fue un intento de reorientar una República, según algunos, había traicionado a los trabajadores. Los hechos escuetos son estos: la CEDA, partido antirrepublicano, retiró su confianza al gobierno radical y exigió participar en el mismo, forzando la entrada de tres ministros derechistas en el gabinete. Los obreros se alarman por la decisión y el 5 de octubre la CNT convoca una huelga general en todo el país. El seguimiento fue irregular pero en Asturias se trató de una auténtica insurrección coordinada entre las diferentes fuerzas de la izquierda asturiana. El final es bien conocido: la acción combinada de las fuerzas militares del general López Ochoa y los legionarios del coronel Yagüe forzaron la caída de Oviedo y las cuencas mineras, y poco después Gijón. La resistencia revolucionaria fue heroica, llegando, en ocasiones, a la lucha casa por casa, pero infructuosa debido a la enorme diferencia de efectivos y medios. El día 19 todo había terminado y comenzaba la dura represión que se extendió por el pueblo asturiano.Asturias

Los estudios sobre la revolución de 1934 son abundantes, así como la recogida de canciones, películas y testimonios orales de sus protagonistas. Entre las más recientes se encuentra la investigación de José I. Taibo II que crea una historia coral desde el punto de vista de los revolucionarios. Una historia que recupera la épica revolucionaria y que recoge las ilusiones de una clase obrera desencantada con el giro reaccionario de la República y que aún creía que el futuro era para ellos. Sin embargo, ¿era posible creer en un triunfo de la Revolución a nivel estatal o la Revolución se estaba lanzando al vacío hacia una muerte segura? Taibo analiza en diez circunstancias las posibilidades de éxito de una Revolución en el octubre de 1934 tratando de hacer un balance con los elementos con los que se contaba en aquellos días y no con la información actual. Su conclusión: «Todo es posible. Pero era difícil, muy difícil».

1.- No hay vacío de poder. No existe una crisis revolucionaria en el sentido de que no hay un vacío de poder. No hay tampoco una profunda descomposición del Gobierno aunada a una incapacidad para mantener las riendas del Estado. Es más, se puede decir que el desgaste sufrido por la coalición de partidos de derecha no ha sido excesivo en un año de gobierno e incluso la coalición está ahora más unida que antes debido a los choques contra el movimiento obrero. Además, «el Gobierno no está aislado y tiene una base social real en amplios sectores de la clase media católica».

2.- El aparato represor está casi intacto. La primera línea del aparato represivo-militar del Estado, la Guardia Civil-Guardia de Asalto, «se ha fogueado en su pequeña guerra civil cotidiana» contra los movimientos obreros, campesinos y mineros que se desarrollan en todo el Estado. «Se han aislado del pueblo creando un mar de odio como frontera». El ejército, asimismo, no está influenciado por la propaganda revolucionaria. «Aún es pronto para que repercuta sobre los reclutas la experiencia represiva sufrida en sus pueblos y ciudades, por su padres y sus hermanos». Además, insiste el autor, «puede que este Ejército sea endeble desde el punto de vista represivo, soldados indecisos, mandos mediocres; pero cuenta con la reserva de los oficiales y las fuerzas de África, los profesionales de la guerra». Sigue leyendo

Blas Piñar, el último símbolo del franquismo

Blas Piñar, el histórico y emblemático líder de la ultra derecha más radical durante décadas, falleció el pasado 28 de enero. Con él desaparece quizá el último símbolo del franquismo, el hombre al que todos los distintos grupúsculos herederos de la dictadura siempre han venerado y considerado su líder natural. El político, escritor, doctor en Derecho y notario, nacido en Toledo en 1918, estaba retirado de la actividad política, continuaba escribiendo artículos sobre actualidad. Y mantenía su puesto como presidente de Fuerza Nueva Editorial. PiñarUna de las últimas entrevistas que concedió tuvo lugar en el año 2003. Con 84 años mantenía una voz clara y contundente, aunque más sosegada que la que exhibía el 20-N para arengar a los nostálgicos del franquismo. El encuentro se producía por la presentación del Frente Español, una nueva formación que pretendía aglutinar a las fuerzas de la ultra derecha, entre ellas Fuerza Nueva, que él fundó en 1966.

Político, doctor en Derecho y notario, siempre fue fiel al lema de su partido: «Dios, Patria y Justicia». Recuerdo vagamente la decoración de su casa madrileña: un busto de Franco, un crucifijo y libros de Historia apretados en su biblioteca. A pesar de su dolor de cervicales, seguía levantando el brazo con orgullo. Era un facha como Dios manda, inteligente y educado. Descanse en paz: él y sus ideas.

¿Le ofende que le llamen «momia entre las momias», como escribió no hace mucho un columnista?  Blas
Esa expresión no la he leído nunca, pero me trae sin cuidado.
¿Está acostumbrado a este tipo de desprecios?
Después de 37 años de recibir insultos, uno acaba acostumbrándose.
Me han soplado que va a rehabilitación por un dolor de vértebras…
Sólo he estado en dos ocasiones por una molestia de cervicales…
Habrá quien se pregunte si es para seguir levantando bien el brazo, como en los viejos tiempos. Para levantarlo con orgullo
Últimamente tengo que levantarlo para hacer gimnasia. Pero no me avergüenzo de levantarlo para otros menesteres, por supuesto. El brazo levantado es un signo de paz, mientras que el puño cerrado es un signo de odio. Y creo que mientras el puño se cierre, es lícito que también se levante el brazo.
¿Por qué considera que España está en trance de disolución?
En primer lugar, hay un separatismo engreído al cual el régimen actual ha entregado todos los medios para fomentarlo. Además, el terrorismo tiene el amparo no sólo en HB, sino en los partidos nacionalistas que siempre han pedido la independencia. Un país al que Sabino Arana tachaba de «mentecato, afeminado y débil». El PP, por ejemplo, en vez de hacer una política moralmente correcta, ha desbordado al PSOE en todos los sentidos: desde la permisividad de la homosexualidad en la Guardia Civil hasta el aborto libre.
¿Ha llegado a dudar de los principios fundamentales de Fuerza Nueva: Dios, Patria y Justicia?
Nunca. Al contrario, me he reafirmado cada vez más en ellos. Yo no soy de los que afirma que posee la verdad, sino que la verdad y El Verdadero le poseen a uno.
Tengo entendido que fundó Fuerza Nueva para mantener vivos los principios que justificaron el levantamiento de Franco.
Nacimos como una revista desligada por completo del Movimiento, aunque seguía leal a los principios que conformaban el Estado Nacional y la cruzada que le dio origen.
La «cruzada» a la que usted se refiere es la Guerra Civil española…
Esa calificación la hicieron en repetidas ocasiones las más altas autoridades espirituales de la Iglesia. Yo no hice más que propagarla.
¿Aún reivindica esa cruzada?
La vida es milicia, ya lo dijo Job. Y por tanto, mientras no haya guerra caliente, la lucha ideológica continuará hasta el fin de los tiempos.
En 1975, Carrero le propuso como ministro de Justicia. Sin embargo, Franco lo rechazó diciendo que era usted un exaltado.
Sí, Franco entendió que yo era un hombre de cruzada. Cuando uno tiene que exaltarse para que la gente despierte, se exalta, como un corredor se exalta en el sprint final de una carrera. Pero por aquel desprecio no le negué mi lealtad.
¿Tiene usted alma de caudillo?
No, yo tengo alma de ser humano.
¿Sigue anclado en el 36?
Pasa el tiempo, pero las ideas permanecen.
¿Es usted un facha?
Si por facha se entiende un hombre católico practicante, que ama profundamente España y que está dispuesto a sacrificar todo lo que tiene en sus manos por su España… Pues sí, yo me considero facha.
Según el diccionario, «facha» es sinónimo de fascista o simpatizante de los regímenes totalitarios…
El fascismo es un fenómeno político italiano basado en una doctrina para mí respetable. Pero la gente generaliza y acaba llamando facha a cualquier cosa. Los asesinos de ETA, por ejemplo; a Fraga le han llamado facha muchas veces… Es decir, el término facha se usa con una ligereza enorme. Se ha tergiversado tanto que prácticamente no significa nada. Sigue leyendo

La nómina de Francisco Franco

Franco tenía sueldo, y no era de los bajos. La última nómina del mandatario, que se hizo pública después de su muerte, detalla todos los conceptos por los que cobraba la cantidad de 168.477 pesetas -unos diez mil euros en la actualidad-, que se quedaban en 154.710 pesetas netas después de las retenciones.

La cantidad, modesta para los parámetros actuales, era entonces una auténtica fortuna: un funcionario cobraba unas 35.000 pesetas en los años setenta; el director de ventas de una multinacional, 90.000 y un oficinista no superaba las 30.000 pesetas. En cuanto al coste de la vida, valga decir que con el salario de un mes Francisco Franco hubiera podido costearse un coche de gama media y con el de todo un año se podría haber pagado un piso modesto en Madrid.

El salario de Franco era el resultado de la suma de hasta diez cantidades desglosadas en el documento: sueldo, trienios, dedicación especial, representación, vestuario, indemnización familiar y otros pluses por condecoraciones militares. Además de estas cifras oficiales, documentos de la Ley de Memoria Histórica y archivos de la Fundación Franco acreditan otros ingresos que llegaban fuera de la nómina: el Ministerio de Hacienda le ingresaba cada mes 600.000 pesetas por sus labores como Jefe del Estado. Además, la Jefatura del Estado contaba con una asignación anual de 31 millones de pesetas y la Jefatura de la Casa Civil con otros 21 millones de pesetas

Nomina Franco

Franco y los judíos

La postura de las autoridades españolas y del propio Franco en relación con la llamada «cuestión judía» ha sido claramente establecida por los documentos oficiales: en conjunto, se adoptó una actitud antisemita, no hubo una política de protección de los judíos, salvo excepciones encomiables como la del embajador Sanz-Briz («el Schlinder español»), y se cedió ante las peticiones expresas de las autoridades  alemanas de entregar judíos que acabaron en los campos de concentración.2

Hay un trabajo de Núñez Seixas que cuestiona si los españoles enrolados en la División Azul fueron encubridores o simples testigos de lo que se estaba haciendo con los judíos. Poco importó al gobierno español esta cuestión hasta que en 1945 saltó como el más poderoso resorte contra los colaboracionistas. El cambio de actitud fue inmediato y se encargaron una serie de trabajos para dar una impresión benévola del trato que se dio a los judíos. Uno de estos intentos es el que ahora presentamos.

El Espagne et las Juifs , editado por la Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores español en 1949, es un opúsculo inédito del fondo del Archivo-Biblioteca del CEHI que han publicado Luciano Casali y Lola Harana. Este documento pone de relieve un aspecto significativo de la autorrepresentación del franquismo en un tema que fue central en la redefinición del régimen después de la Segunda Guerra Mundial y el fin de los fascismos. Dirigido a la opinión pública internacional, el texto es un ejemplo de la reinvención del papel jugado por el franquismo en el trato dado a la comunidad judía en los primeros años de la posguerra. El opúsculo nos permite evaluar los malabarismos y las manipulaciones que el franquismo puso en marcha con la creación del mito de la protección de los judíos, en un contexto histórico internacional que exigía unos determinados gestos para aceptar un régimen político instaurado por medio de un golpe militar y aliado hasta última hora de los regímenes de Alemania e Italia.

Muchas consideraciones han sugerido la oportunidad de volver a publicar L’Espagne et las Juifs , no tanto porque (probablemente) es la única copia del documento que ha sobrevivido, sino porque se trata de un documento de gran importancia para evaluar un aspecto significativo de la autorrepresentación del franquismo en un tema que fue central en la redefinición del régimen después de la Segunda Guerra Mundial y el fin de los fascismos. Por encima de todo, es importante poner de manifiesto el tipo de propaganda que se desprende de este documento y el descaro de las mentiras con las que construyeron la «nueva identidad» y el «Nuevo Estado».
Esta última es una valoración del franquismo que no ha sido suficientemente tratada. Sabemos efectivamente que Franco y sus partidarios (la Iglesia católica, el ejército y la Falange) se llamaron a sí mismos «nacionales», es decir, los defensores del estado y de la nación, y llamaron «revolucionarios», «traidores» y «rebeldes» a los ciudadanos que se vieron obligados a tomar las armas para defender la democracia y el legítimo Estado republicano. Era una inversión absoluta de los términos y una verdadera falsificación de la realidad. Los llamados «rebeldes» fueron militarmente combatidos, procesados ​​y pasados ​​por las armas de un Estado que nació como resultado de un golpe de estado y de una guerra librada contra las instituciones creadas por la voluntad de los ciudadanos españoles. Esta falsificación completa de las bases sobre las que se construyó el Estado franquista fue generalizada. La encontramos en la vida cotidiana, en las organizaciones de masas, en las imágenes propias que el régimen quería ofrecer a la opinión pública nacional e internacional. El «Nuevo Estado» se mantuvo durante cuarenta años. Fue un Estado no sólo violento, sino sobre todo un Estado construido sobre mentiras, y lo que es peor -como es evidente en este opúsculo propagandístico que se ha publicado- unas mentiras flagrantes, sin ni siquiera intentar ocultarlas. Había que creer la falsedad, aunque fuera evidente, simplemente por el hecho de que esta falsedad había sido proclamada como verdad por el franquismo.
Es por estas consideraciones que «El oportunismo de Franco. Un informe sobre la cuestión judía» puede añadir elementos adicionales para conocer mejor el régimen de Franco

ETA nació en las sacristías

La estrecha relación entre ciertos sectores de la iglesia vasca y el naciente separatismo de ETA, en las décadas de los 60 y 70, es un hecho bien conocido. No lo es tanto, quizá, el esfuerzo tenaz que los obispos de las diócesis vascas hicieron para encauzar una situación cada día más tensa. Los años del  cambio de década fueron, en este sentido, cruciales.ETA-logo

En la primavera de 1969 el proceso se aceleró con las detenciones de un grupo de miembros y colaboradores de ETA, entre ellos varios sacerdotes, que desembocaría en el Juicio de Burgos, y el confinamiento de estos clérigos en la cárcel concordataria de Zamora. En este escenario cobra importancia la actividad del Administrador Apostólico de Bilbao, don José María Cirarda, cogido entre dos fuegos: la defensa de sus sacerdotes y el cumplimiento de las leyes vigentes. A finales de 1969 presentaba a la Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española una descripción de los acontecimientos que habían tenido lugar y su actuación personal en ellos. A mi juicio, arroja luz sobre la acusación que se hace a Cirarda haber sido contemporizador y faltarle resolución para meter en vereda a un clero levantisco. He aquí el texto completo:

«Mis queridos hermanos: Un deber elemental de fraternidad me obliga a informarles de la gravísima situación pastoral que vive desde hace una semana esta diócesis de Bilbao y de las no menos graves repercusiones de sus causas y consecuencias en las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Lamento que una vez más sea esta diócesis, cuya administración apostólica tengo encomendada por la Santa Sede, origen de preocupaciones dolorosas. Pero creo poder afirmar humildemente ante el Señor que, culpable como soy de muchas faltas en todo, no creo ser responsable de lo que hoy nos preocupa y es causa de esta carta.

Quiero informarles lo más brevemente posible y de modo directo, y que la prensa o ha silenciado los hechos o sólo los ha dado con información parcial, cuando no deformada.

Los antecedentes

Desde hace más de un año -desde los días dramáticos de abril y mayo de 1969- el Sr. Gobernador Civil de la provincia y yo hemos trabajado para evitar roces; procurando resolver de modo callado y con la mayor comprensión mutua las continuas complicaciones que se presentan por distintas causas entre nuestras dos jurisdicciones en una provincia tan compleja religiosa y políticamente como Vizcaya; complicaciones multiplicadas por la continua aplicación de la ley contra bandidaje y terrorismo en nuestra provincia desde primavera del 69.
En virtud de esta ley vienen actuando cuatro juzgados eventuales militares en Bilbao, desde hace un año. Y a ellos se llevan desde hechos que pueden suponer graves atentados contra el orden público, hasta supuestas faltas de sacerdotes en su predicación denunciadas por un feligrés o por algún agente de policía o fuerza pública destacado en un pueblecito.
Las peticiones para procesar a sacerdotes en este tiempo han sido muchas. He concedido aquellas en las que los sacerdotes pudieran aparecer implicados en una acción extraña a su misión. Y he negado permiso para procesar a un sacerdote cuando la falta de que se le acusaba, se refería a alguna posible demasía en su predicación. Mi negación se fundaba, en ocasiones, en constarme la absoluta falsedad de la denuncia, como en algún caso en que la homilía había sido escrita y leída y tenía yo el texto en el que nada había condenable. En otras ocasiones, cuando no tenía tal certeza, me fundaba en el principio de afirmarme juez de los actos ministeriales de mis sacerdotes, para juzgarlos, castigarlos si había falta canónica -tengo dos sacerdotes suspendidos de predicación en estos momentos-, dispuesto a conceder el juicio del Estado si hubiere hallado causa, cuya falta lesionara gravemente las leyes del Estado. Sigue leyendo

Es pecado apoyar a Franco

Con el título “È peccato sostenere Franco”,  Paolo Pombeni reseña en Il Sole 24 Ore  el volumen: Luigi Sturzo e gli amici spagnoli. Carteggi (1924-1951), que publica la editorial Rubbettino.Esto es lo que hay

En realidad, se trata de uno de los volúmenes de la Opera Omnia de esta figura italiana, realizado bajo los auspicios del Istituto Luigi Sturzo. Sturzo (1871-1959), sacerdote y líder político, fundador del Partito Popolare Italiano (1919), no es un desconocido en la historiografía española sobre la II República, pero sí lo es su correspondencia. Veamos, pues, la reseña de Pombeni que recoge Anaclet Pons:

La edición de la correspondencia que mantuvo Sturzo con algunos miembros del catolicismo político durante la turbulenta historia de la Segunda República española (pues de esto se trata, el resto son pequeños apéndices poco significativos) es una importante contribución al conocimiento de un pasaje crucial en historia intelectual del peso ejercido por la contienda española en el desarrollo de una cierta aproximación a la modernidad democrática.

El libro está espléndidamente editado por Alfonso Botti (con Gabriele Ranzato, el mejor de nuestros hispanistas), que ofrece un denso ensayo introductorio, que no sólo es fundamental para enmarcar la historia de Sturzo en la difícil situación de esos años, sino que emplea la literatura histórica más reciente y alude a los avances de los conocimientos que ha permitido el acceso a los archivos de este período, especialmente del Vaticano.

Era conocido que los acontecimientos en España, que culminaron en la dramática guerra civil, no solo habían sido un shock para todo el movimiento democrático europeo, sino que habían dividido al mundo católico. Sturzo, ya exiliado en Londres, es por tanto un testigo privilegiado de esta dramática división. Estas cartas son muy diferentes del sentimentalismo de Los grandes cementerios bajo la luna de Bernanos: un texto, dicho sea de paso, duramente rechazado por el Osservatore Romano, en un contexto curial que no tenía dificultad en asumir el bulo franquista de que el bombardeo de los nazis de Guernica fue obra  de unos “rojos” en fuga. Sturzo también en este caso es, por así decirlo, totalmente político. Por un lado, se involucra en la refutación teológica de la teoría de que la declaración de los militares es una reacción de legítima defensa de los católicos contra el ateísmo y el anticlericalismo de los republicanos. En el lado opuesto, trabaja incansablemente para encontrar una solución negociada al conflicto, centrándose en un interés, que se revelará inexistente, por parte de las potencias democráticas para imponer un freno al apoyo del nazifascismo a los rebeldes de Franco.

El fundador del partido popular italiano está obviamente preocupado por la participación de la Iglesia, sea la de la cúpula vaticana o sea la española, en la “cruzada” de Franco. Ve lúcidamente la sucesión de odio y catástrofe que resultará de la elección del primado de España, el cardenal Gomá, al alinearse de hecho con Franco. Será una selección perdedora,  porque el Generalísimo no se dejará condicionar en absoluto por el catolicismo nacional, sino que impondrá brutalmente sus razones, como hará sustancialmente con el Vaticano. Sturzo ve  también los límites de pensamiento del republicanismo español, incapaz de contener los intentos destructivos anarquismo y la rebelión primitiva de amplias capas de la población. Es la violencia brutal contra el clero, con las monjas e incluso con los lugares de culto, lo que causa rechazo en el público católico europeo, impidiendo ver la brutalidad paralela  de las fuerzas franquistas (que continúa denunciando Sturzo).

Aquí hay un  giro de cierta relevancia, que va más allá del caso específico de Sturzo, pero que también es propia de este líder político. Es la conciencia de que la historia de la distancia de la religión, por no decir del odio madurado entre una gran parte de las clases populares contra ella, deriva,  más que de una recepción de la crítica filosófica de Marx y Lenin, de  la “traición” oficial de la Iglesia en su compromiso con la justicia social. Como es sabido, esta tesis se hará fuerte en la obra de Jacques Maritain (que también era uno de los personajes principales -con alguna cautela- en el apoyo de los católicos demócratas a la causa española),  pero también está presente en toda la lectura que hace Sturzo de estos acontecimientos, con la particularidad de que, para él, el origen de todo es la falta de recepción (en España y no sólo) de la Rerum Novarum del Papa León XIII.

Los (inaccesibles) archivos sobre el franquismo

Las fuentes documentales que permiten el estudio del franquismo parecen afectadas de una crónica precariedad y de una errática política de acceso por parte de nuestras autoridades, que dificultan gravemente el estudio de este periodo de nuestra historia. Aún recordamos el tan mal llevado asunto de los «papeles de Salamanca», principal archivo sobre la guerra civil. Ahora se ha sumado el cierre de los archivos de Asuntos Exteriores, alojados en el Palacio de Santa Cruz, y los de Defensa. Archivera

Reproducimos el comunicado de H-SPAIN dirigido al Gobierno y a los distintos grupos parlamentarios de España:

«Haciéndonos eco del profundo malestar producido entre historiadores, archiveros, periodistas y otros grupos sociales por el cierre indefinido e injustificable del acceso a documentos históricos del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación y del Ministerio de Defensa de España, desde H-SPAIN solicitamos a las autoridades competentes la inmediata reapertura de dichos fondos y la garantía de su accesibilidad para todos los investigadores en el plazo más breve posible.

Consideramos que de ninguna manera cabe justificar las trabas que se está imponiendo al acceso a dicha documentación histórica por medio de argumentos inverosímiles sobre el riesgo que su difusión entrañaría para la defensa y la seguridad del Estado o para las relaciones de España con terceros países. 10.000 documentos de Defensa de los años 1936 a 1968 estaban listos para su desclasificación, tras el preceptivo examen, antes de que el Ministerio cancelara su publicación en mayo de 2012 en una decisión que cabe considerar, como mínimo, de arbitraria. Menos se comprende aún que el Ministerio de Asuntos Exteriores haya declarado “secreta” o “reservada” la práctica totalidad de su documentación, incluyendo los fondos históricos de su archivo –compuestos por papeles diplomáticos del siglo XV al XX- que habían sido consultados hasta entonces sin mayores impedimentos por parte de historiadores de todo el mundo.

Que la respuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores a las denuncias de esta situación haya sido cerrar a los investigadores el acceso a su Archivo General, en septiembre de 2012, y dispersar sus fondos entre el Archivo Histórico Nacional y el Archivo General de la Administración sin comunicar si esos fondos serán algún día consultables de nuevo, y en su caso cuándo y en qué condiciones -lo que hace temer nuevos obstáculos y demoras que sumar a las que sufrimos desde hace casi dos años-, no hace más que ahondar en la enorme preocupación que genera la actual situación.

El acceso y libre disposición de estos fondos históricos, dentro de los plazos y límites marcados por la actual normativa, no solamente constituye un derecho de los españoles, sino también un deber moral del ejecutivo. No se trata tan sólo del enorme perjuicio que se está causando a innumerables proyectos de investigación histórica tanto en España como en el extranjero, sino también del daño a la imagen y el prestigio del país más allá de nuestras fronteras, así como de la degradación de la calidad de la democracia española que se derivan de unas decisiones que nos alejan de los estándares europeos e internacionales de protección de derechos democráticos básicos como el de libertad de información e investigación, el acceso al patrimonio y la cultura, y el control y rendición de cuentas por parte del gobierno y la administración pública.

En este sentido, instamos a nuestros gobernantes a que, rectificando su actual política, cumplan con los instrumentos internacionales que España ha suscrito en materia archivística y de documentación, como son la Recomendación Nº R (2000) 13 del Comité de Ministros del Consejo de Europa sobre una Política Europea en Materia de Comunicación de Archivos, y el Convenio del Consejo de Europa sobre el Acceso a los Documentos Públicos (Tromsø, 18 de junio de 2009).

No se trata de una petición de unos pocos para unos pocos. Si bien este llamamiento parte del mundo académico, es a la sociedad en su conjunto a la que se está negando el derecho a conocer por sí misma, al margen de interpretaciones oficiales e interesadas, su propio pasado. No puede haber auténtica democracia allí donde no se garantiza a los ciudadanos el derecho a generar una visión crítica del propio desarrollo histórico basado en el acceso al patrimonio documental común.

Firmando esta solicitud, pedimos al Gobierno que adopte cuantas medidas sean precisas para garantizar el acceso de los investigadores, profesionales o no, a los fondos documentales de estos archivos y en el plazo más breve posible. Solicitamos asimismo a los distintos grupos parlamentarios que exijan y respalden estas medidas, así como que controlen su cumplimiento. Instamos también a toda la sociedad que apoye esta petición, para que pueda hacer del conocimiento crítico de su pasado la mejor guía para una construcción consciente de su futuro.

Todos aquellos que deseen adherirse deben enviar a h-spain@h-net.msu.edu los siguientes datos: nombre y apellidos, institución académica de pertenencia (o «investigador independiente» en su defecto) y número de DNI o pasaporte (el cual no se hará público). En el caso de tratarse de un organismo, se deberá enviar el nombre de dicha institución y el de la persona que la represente, con su número de DNI o pasaporte.

En nombre del Consejo Asesor de H-SPAIN, suscriben el presente escrito: Carlos Sanz Díaz (Universidad Complutense de Madrid); David Jorge (Wesleyan University, Connecticut); Ángel Viñas (Universidad Complutense de Madrid); Helen Graham (Royal Holloway, University of London); Florentino Rodao (Universidad Complutense de Madrid); Sebastiaan Faber (Oberlin College, Ohio)»