El Estado y la crisis

El franquismo tuvo sus crisis (la de posguerra, 1959-60, 1973) y nos legó un modelo de crecimiento dependiente del turismo, las remesas de los emigrantes y las multinacionales que se instalaron al calor de salarios bajos. Pero nada es comparable a lo que está pasando ahora, sobre todo porque los que de verdad mandan en el mundo (el gran capital) han conseguido difundir una imagen del todo falsa sobre la causa y las soluciones de la crisis actual. Mucho recorte y reducción del Estado, para ocultar lo que es un saqueo bien organizado a los ciudadanos de a pie. Espero que estas líneas abran los ojos de más de uno

A finales del año 2008 el Estado era la solución. Ahora parece ser el problema. Entonces hasta los neoliberales más extremos exigieron la intervención de los bancos centrales y los gobiernos para salvar al sistema financiero mundial. Los bancos centrales emitieron enormes cantidades de nuevo dinero para comprar los activos-basura que había generado la especulación financiero-inmobiliaria. En Europa, el Banco Central Europeo entregó 5 billones de euros de nueva emisión (1 billón europeo = 1 millón de millones) a cambio de los activos-basura carentes de valor que tenían los grandes bancos europeos (es decir: regaló 5 billones de euros a la banca europea). A partir de ese momento, una vez socializadas las pérdidas de la burbuja financiera, los gobiernos se centraron en hacer frente a la crisis económica.

Los libros de Economía han suministrado siempre una gama de políticas posibles para una situación de crisis económica, con caída de la demanda efectiva, desempleo de recursos y capacidad productiva excedentaria. Todas estas políticas podrían agruparse en dos grandes bloques: las que incentivan la demanda privada y las que crean directamente demanda pública.

Los mismos manuales indican que, ante una crisis importante, los incentivos al gasto privado suelen ser de poca utilidad debido a las malas expectativas y al aumento del ahorro como consecuencia de la incertidumbre y el miedo.
En consecuencia, los gobiernos acometieron ambiciosos programas de gasto público, además de atender al coste de los estabilizadores automáticos (seguro de desempleo…) para sostener la economía y evitar una depresión profunda.

Hasta aquí todo es keynesianismo de manual. ¿Qué ha pasado desde entonces para llegar a la situación actual, en la cual las dificultades financieras de los estados parecen ser el principal problema de la economía?. Repasemos los factores que han intervenido en este caso.

1.- ¿Qué estados han enfrentado la crisis?

Los modelos macroeconómicos han supuesto siempre que el Estado es un organismo poderoso, con variedad de recursos a su disposición y con autonomía suficiente para conseguir nuevos recursos en caso de necesidad. Pero la crisis actual ha revelado que en las economías desarrolladas esto ya no es así. Treinta años de neoliberalismo, con sucesivas rebajas de impuestos, liquidación de la propiedad pública y externalización de los servicios públicos, han colocado al Estado en una situación cada vez más marginal dentro la actividad económica. Los estados que han enfrentado la crisis carecían, en muchos casos, de empresas públicas y sus ingresos fiscales eran insuficientes para acometer programas de inversión ambiciosos. El modelo fiscal del neoliberalismo ha demostrado ser absolutamente procíclico, con rebajas continuas de impuestos durante la parte expansiva del ciclo. Y cuando ha estallado la crisis se ha rechazado cualquier aumento de la presión fiscal con el argumento de sus posibles efectos contractivos sobre la demanda. Sigue leyendo

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La Falange de Franco

La Falange de Franco

Falange de Franco

La “Falange de Franco” fue el gran elemento unificador del franquismo durante la Guerra Civil y la inmediata posguerra. Pero su asimilación al Movimiento Nacional le hizo perder las notas características que le diera José Antonio Primo de Rivera, convirtiendo la Falange en una organización burocratizada. Además, elementos liberales se fueron adhiriendo al primitivo ideario del Partido, haciéndole perder su esencia. La publicación en 1956 en la revista falangista “Juventud” de un artículo encomiástico de la persona de D. Gregorio Marañón, liberal aborrecido por el régimen franquista, provoca la reacción de falangistas que ven traicionado el espíritu primitivo de José Antonio y su “revolución pendiente”.  La carta que reproducimos en parte es la remitida por un falangista de Madrid a “Juventud” denunciando la traición a la memoria de la Falange Auténtica:

Camaradas: En el número 654 de Juventud publicáis una carta –de una serie fija que firma la redacción – nada menos y nada más que a Gregorio Marañón, cogiendo por los pelos el motivo de su ingreso en la Academia de Bellas Artes. Lamentable, porque el contenido de tal carta no puede ser más triste. Lamentable, porque ese contenido nos da la tónica del confusionismo en que anda metida gran parte de la juventud que se dice falangista. Lamentable porque el semanario de esa juventud falangista demuestra en todo un traspiés ideológico. Al cabo de 20 años y con la sangre de un millón de muertos a cuestas, los falangistas (¿?) nos tenemos que poner a escribir cartas más que laudatorias a elementos que tan directamente contribuyeron a que nuestros hogares se quedaran vacíos y a que los montes de nuestros padres se quedaran podridos. A elementos que, como el Sr. Marañón, no han renegado de sus yerros; no han renegado de sus ideologías; no han renegado de sus santones ni han renegado de su afán de convertir a los españoles en un impreciso conglomerado de seres preocupados por el sexo y la locura. Sigue leyendo