Los monárquicos catalanes a don Juan (1955)

El régimen franquista pasaba en 1955 por uno de sus peores momentos. La recuperación del país era muy lenta en una larga autarquía y los Convenios con Estados Unidos (1953) aún tardarían en dar sus frutos. Opositores de todas las tendencias comenzaron a pensar en el final del régimen. Los monárquicos catalanes llevaban varios años hablando con representantes del republicanismo independentista para intentar consensuar un programa de mínimos que pudiera ser aceptado por Don Juan de Borbón en su exilio portugués. En junio de 1955 alcanzaron unos puntos mínimos para el día en que Don Juan accediera al trono español. En esencia, no aceptaban sin más al hijo de Alfonso XIII salvo que este adoptara una serie de medidas renovadoras. En un Memorándum que dirigían al Rey le hacían saber cuáles eran los puntos acordados:Don Juan

1) La primera manifestación de la Monarquía restaurada sea un llamamiento a la paz, la concordia y la reconciliación de los españoles, dando por muerto y enterrado el inicuo sistema político actual basado en el triunfo de unos españoles sobre otros y en la pervivencia del espíritu de guerra civil. El rey ha de serlo de todos, y si no fuese así no valdría la pena haberlo establecido en el Trono.

2) Restablecer las libertades de la Constitución de 1876: prensa, reunión, partidos, sindicatos.

3) Descentralización administrativa y política que permita a las provincias españolas agruparse en las regiones tradicionales, prefigurando la constitución federal de España (…) Nombramiento de un gobernador general para cada una de ellas (…) De ser posible, dicha autoridad habrá de ser oriunda de la región sobre la cual ejerce su jurisdicción.

4) Teniendo en cuenta que en Cataluña funcionó una estructura autónoma, con la Mancomunidad primero y la Generalidad después, conviene atribuir mayores facultades a esta región mejor preparada, por este antecedente, para ejercerlas. En especial, oficialidad de la lengua catalana para las relaciones interiores, organización y dirección de la instrucción pública en el país y reconocimiento de la bandera de las cuatro barras como enseña oficial del Gobierno regional. El restablecimiento puro y simple de la Mancomunidad no sería hoy satisfacción suficiente para los catalanes.

5) Liberar la economía española (…) de las intervenciones y trabas estatales; promesa de acabar con la inconcebible corrupción de la administración actual y con la existencia de las mastodónticas instituciones económicas de más que dudosa utilidad. Apartamiento de los militares de las funciones administrativas que no les son propias.

6) Revisión de la legislación social y obrera, con objeto de eliminar de sus funcionamiento toda tendencia política.

7) Relevo inmediato del personal directivo de sindicatos obreros y patronales e instituciones sociales y de previsión, (…) suprimiéndolas si no son necesarias.

8) Relevo inmediato del personal directivo de diarios, periódicos, agencias periodísticas, emisoras de radio y asociaciones de la Prensa, tanto si deben el cargo a nombramiento directo como a elecciones simuladas o amañadas con censos de electores depurados.

9) Renovación de los Ayuntamientos, Diputaciones provinciales y demás organismos estatales o paraestatales con personas no contaminadas de virus totalitario. Todos los nombramientos provisionales en Cataluña deben recaer en catalanes.

10) Presencia en el primer Gobierno de la Monarquía de dos ministros catalanes, uno de ellos en un Ministerio económico.

11) Supresión pura y simple del llamado Ministerio del Movimiento, y prohibición de la Falange. Otras muchas medidas habría que tomar, especialmente aquellas que serían especialmente gratas a los catalanes y determinarían su adhesión al régimen redivivo. Su objetivo es liberar al país del régimen actual; pero de tal manera que ni él ni otro semejante pueda producirse en el futuro. Los que le escriben están dispuestos a acallar sus convicciones republicanas y colaborar en la tarea de reconstrucción.

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Franco y Don Juan de Borbón


Franco y Don Juan

Las relaciones entre Franco y Don Juan de Borbón, padre de Juan Carlos, fueron siempre tormentosas por la mutua desconfianza que se profesaban los dos. López Rodó, que trataba de acercar posiciones, escribía a Don Juan en noviembre de 1957, después de una entrevista fallida con Franco.

“1. En la gran masa de los españoles, que teme una convulsión política a la muerte de Franco y desea ante todo la paz y el orden, ha producido contrariedad la no celebración de la entrevista

2. Los que apoyan la actual situación política no aciertan a comprender las razones por las que no se llega a una plena inteligencia entre D. Juan y Franco que asegure la continuidad. Muchos suponen que existe una peligrosa desviación hacia el liberalismo por parte de D. Juan que llevaría de nuevo al país a la revolución. No se explican por qué recibe a ciertos exiliados y elementos de izquierda Sigue leyendo